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Atributos de las culturas y de las ciencias

Desacuerdos entre dos fuentes de la sabiduría

A lo largo de la historia, los dos vocablos están relacionados y se influyen mutuamente. La cultura engloba valores, creencias, costumbres, lenguas, artes, hábitos y formas de vida que caracterizan a una colectividad, adquiridos y transmitidos a través del aprendizaje social. Por su parte, la ciencia es un sistema de conocimiento organizado que se basa en la observación, la experimentación y el razonamiento lógico, buscando descubrir leyes generales que hagan inteligible el mundo natural, para lo cual fomenta el pensamiento analítico y el cuestionamiento de dogmas. La primera influye en la segunda, pues determina qué cuestiones se consideran relevantes, y la ciencia transforma las culturas, ya que sus avances cambian la forma de pensar y de organizarse una sociedad.

El método denominado científico se ocupa de explicar los fenómenos que se observan en la naturaleza. En consecuencia, se opone a la casualidad o al azar y excluye lo que peca de subjetivo. Los resultados de una investigación deben ser verificables, por lo cual son antagónicos al secretismo y a doctrinas preestablecidas. Este campo del discernimiento debió soportar la influencia de sistemas basados en atribuir a los credos una primacía sobre la experiencia. Su manera de funcionar choca frontalmente con la tradición religiosa que, de manera general, se sustenta en argumentos apriorísticos y no racionales.

En las civilizaciones antiguas no existía una separación neta entre ciencia, metafísica, religión y cultura. Con enorme consenso, se considera a la griega ―cuya superioridad respecto a los demás pueblos en el terreno filosófico fue notoria― la autoría del alumbramiento de la ciencia. Los helenos obtuvieron de los egipcios nociones astronómicas, matemáticas, geométricas y médicas ligadas a necesidades prácticas y creencias espirituales, que el polímata Pitágoras y sus adláteres consiguieron transformar en teorías generales y sistemáticas. Pensadores clásicos posteriores como Sócrates, Hipócrates, Aristóteles o Euclides lograron unir observación y reflexión ética, convirtiéndolas en sapiencia. Bajo el impulso griego, la civilización occidental, asumió una orientación distinta de la oriental; en esta última, el saber estaba fundamentado en mitos teológicos cosmogónicos que frenaban el desarrollo de lo erudito.

La Edad Media se desenvolvió dentro de sistemas dominados por el misticismo. En las escuelas medievales se enseñaba doctrina escolástica, que abarca desde el uso acrítico de la razón hasta los primeros intentos de penetración racional en la revelación, las construcciones sistemáticas que leen e interpretan de forma razonada las verdades cristianas. A partir del siglo XIII, la escuela se configuró en universidad, una entidad corporativa compuesta por una asociación de maestros y alumnos, con sus privilegios, programas establecidos, diplomas, grados, etcétera. En estos centros docentes se aleccionaba, sobre todo, lo relacionado con las ciencias, pero subordinándolas a la filosofía y a la teología. Resulta pues evidente la oposición entre raciocinio y fe, basta recordar que en el Medievo eran cotidianos los enfrentamientos entre ambas, dilucidándose los conflictos en los tribunales de la Inquisición.

En el Renacimiento se origina un cambio profundo al potenciarse la observación y la experimentación, favoreciendo el empirismo y la crítica. A partir del siglo XVI tiene lugar una convulsión, consolidándose una separación gradual entre ciencia, filosofía y religión, adquiriendo la primera autonomía de la mano de pensadores de la talla de Copérnico, Galileo, Kepler o Newton. Al llegar la Ilustración se produce una intensa transformación y la ciencia se convierte en un valor medular.

Sirva de punto final la aseveración de la célebre matemática griega, natural de Egipto, Hipatia de Alejandría ―considerada como la primera mujer científica―, una poderosa reflexión realizada en el límite de los siglos IV y V a. C. sobre la libertad intelectual: "Todas las religiones dogmáticas formales son falaces y nunca deben ser aceptadas en sí mismas por las personas como el final. Reserva tu derecho a pensar, porque incluso pensar equivocadamente es mejor que no pensar en absoluto".

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