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¡Al grano!, nunca mejor dicho

Los partidos y el tomate nacional

Vivir a espaldas de la política nos hace (o no) más felices, pero es hacer un avestruz si se quiere que el voto en las urnas para las próximas elecciones tenga sentido (dando por hecho que no nos mandan a las urnas con cuarenta grados, que ya lo hicieron, y perdamos la razón). Analizando las comparecencias recientes de dos partidos que no se pueden ver entre sí, PSOE y Vox, el observador trata de sacar alguna conclusión que refuerce el entusiasmo por saber qué se cuece. En definitiva, por saber si hay tomate tras la estimación del voto.

Ambos partidos se exhiben ante su público objetivo. La izquierda reunida en comité se conjura ante la corrupción, la que está sentenciada y la que está por sentenciar. Y la derecha, que llaman extrema, plantea un programa en contra de la regulación de inmigrantes. En él ponen ejemplos del papeleo necesario para solicitar la explotación de un pozo de agua y regadío en Extremadura y para el acceso a ayudas para agricultores jóvenes de Aragón. Como Groucho, puestos a rasgar papeles (como el expresidente Zapatero hizo con sus contratos verbales e injustificables ante el juez), sí están de acuerdo los extremos.

En el supuesto de Vox, la desregulación la lleva el asturiano sobrino de Rodrigo Rato que hizo una "exhibición" estadística con una torre de folios que simula, por comparación, la cota que llegaría alcanzar toda la normativa española respecto a los rascacielos más altos del mundo (los supera a todos a decir de Josemari).

Por el otro lado, si algo caracteriza al PSOE es que no se apea del burro. Y eso es una cualidad a tener en cuenta incluso cuando se trata de negar la mayor por corrupción jamás conocida, teniendo claro que aunque haya caído algún secretario de Organización de los suyos, el líder principal sigue en pie. Y aspirando a estirar su mandato hasta 2031.

De los populares, salvo esperar a ver si toman el relevo, poco hay que decir. Al menos la derecha más al extremo publica su programa, algo es algo. Si piden desregularizar, no deberían reprochar la regularización de ciudadanos extranjeros que llegan a trabajar o quejars de que a muchos les devuelvan la nacionalidad que perdieron sus ancestros desde finales del siglo XIX. Aunque la intención sea otra (algunos piensan que los biznietos y nietos ya tienen la papeleta socialista en casa para las próximas elecciones), el voto sigue siendo secreto incluso por correo.

Como todo está trillado en política, incluso el apaño con partidos nacionalistas-separatistas (al que no se resistirá la derecha para regresar), la supuesta innovación ideológica que llega para salvar los muebles nacionales es el lema "Al grano" de Santiago Abascal. Los adversarios de Vox no acaban de entender que sus principios están en el terruño. No hay discurso donde no salga el sector primario siendo el inspirador económico del programa "Al grano". Mientras, José María Figaredo deja claro cómo está el tomate que exporta Marruecos sin normativa que valga. Eso el tomate de huerta que hay más tomate. Ir al grano es tanto como decir que "aquí hay tomate". Al votante no se le engaña tan fácil.

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