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Barbón, vuelta y vuelta

El presidente de Asturias, Pablo Iglesias y la doble vuelta electoral

Adrián Barbón ha propuesto abrir el melón de la doble vuelta electoral y ciertos prebostes de la izquierda radical se han apresurado a jalear la apertura de la “vía Villaconejos”. Pablo Iglesias aplaude la ocurrencia convencido de que en esa iniciativa late, agazapado, el corazón de la Tercera República. Basta pronunciar “segunda vuelta” para que a los negacionistas de la Corona se les erice la tricolor, con la esperanza indisimulada de que el sistema electoral incluya la guillotina.

Sorprende que el modelo vuelta y vuelta, que obligaría a reformar la Constitución, lo defienda con vehemencia un monárquico confeso y practicante que gusta de la liturgia institucional y no disimula la satisfacción de compartir escenario con Felipe VI y Leonor cuando toca aplaudir los premios que llevan el nombre de la heredera. Un revolucionario de salón del trono no parece el presidente de Asturias.

Pero la imaginación política es libre y hay quien ya augura que Pedro Sánchez acabará trasladando la idea al PSOE como garantía para mantenerse en el poder, como si la doble vuelta garantizara el elixir de la eternidad y no se tratara, en el fondo, más que de un mero mecanismo aritmético. Cambiar la suma no altera el paisaje: se vota, se cuenta y gobierna quien reúne más apoyos, con o sin rey puesto.

Mientras unos ven repúblicas donde solo hay papeletas, otros siguen sentándose encantados en el palco real. España, país de ciclos, o sea ciclista, no atiende a más vueltas que la Vuelta a España. Y para serpiente de verano, la serpiente multicolor zigzagueando por las carreteras.

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