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Veranos irreconciliables

Compatibilizar trabajo y obligaciones familiares se hacen aún más cuesta arriba durante las vacaciones estivales

Auténticos malabarismos son los que la mayoría de las familias españolas tienen que hacer a partir del mes de julio para llegar más o menos indemnes a la otra orilla del verano. Acaba el tiempo escolar y empieza una ingeniería imposible de niños y mayores, guarderías, centros de día y cuidadores, calendarios y horarios, muchos apuros y algún que un sobresalto. Verano y conciliación son poco menos que irreconciliables.

Quien más y quien menos se las ve y se las desea para compaginar el cuidado de los chiquillos, la atención a los mayores, las obligaciones laborales, algún que otro rato de ocio y la observancia de los mínimos vitales para la supervivencia, una comida medianamente decente y algunas horitas de sueño, casi siempre menos de las recomendadas.

Ese precario equilibrio, que se mantiene durante todo el año, se hace más inestable con la llegada del verano. Los padres siguen trabajando, con suerte disfrutarán de un mes de vacaciones continuadas; sin el refugio de guarderías, colegios e institutos, bebés, niños y adolescentes andan desmandados; los cuidadores profesionales también veranean, hay que cubrir las ausencias y confiar en que no haya bajas inesperadas. A poco que se muestren dispuestos, los abuelos más jóvenes acabarán asumiendo esas tareas, si es que no lo hacían antes. No será raro que toda la familia llegué al final del verano agotada por el sobreesfuerzo y la culpabilidad.

Está probado que verano, trabajo y familia son irreconciliables. Al menos para las familias de clase media. Hay que reconocer los esfuerzos que las administraciones públicas hacen para remediarlo, pero esta claro que son insuficientes. También es evidente que en verano, salvo excepciones y como el resto del año, los cuidados siguen recayendo en las mujeres, que son las que trajinan con los chiquillos, están pendientes de las necesidades de los mayores, sacan adelante las tareas domésticas y activan una red de complicidades que involucra a parientes, amigos y vecinos.

La solución, con el actual modelo productivo, es compleja, pero no por ello hay que dejar de buscarla. El futuro pasa, sí o sí, por invertir en conciliación y hacerles la vida más fácil a las familias. En ese empeño están Save the Children, la Federación Española de Familias Numerosas, la Federación de Familias Monomarentales, la Asociación Madres Solteras por Elección y la Unión de Asociaciones Familiares, unidas desde la primavera pasada en la Alianza por la Crianza. El pasado mes de mayo llegaron con sus reivindicaciones al Congreso de los Diputados: "La crianza sostiene la sociedad y no puede seguir recayendo en soledad sobre las familias", y eso es así en verano y durante el resto del año.

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