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Cerebros como esponjas

La gasolina que mueve el llamado skroll infinito -ese rollo interminable que vamos pasando con el dedo por la pantallita, sin poder pararlo- es tu propio ego, o sea, la droga más adictiva. Un vez que el algoritmo conoce a través de tu cúmulo de elecciones cuáles son tus intereses y deseos (o sea, tu tú) los va cebando con imágenes, historias y noticias -reales o falsas- que consumes compulsivamente, creyendo que sacias tu hambre, cuando en realidad te vas comiendo a ti mismo en tu propio cebadero. Algo parecido al vicio de comerse las uñas (bien descrito en el poemario "Carnívoro ser", de mi anónimo poeta preferido), pero en directo a la masa neuronal. Un tipo de autofagia semejante al de aquellas vacas alimentadas con desechos corporales de vaca, que acabó en la enfermedad de las "vacas locas" (encefalopatía espongiforme bovina). Para la actual adicción por ahora no hay tratamiento.

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