Opinión
La maldición del rearme
El que estemos obligados a rearmarnos para hacernos cargo de nuestra propia defensa no debería traer como daño colateral un cambio en nuestro sistema de valores. La guerra es una maldición absoluta y el aumento del gasto bélico una desdicha que drenará recursos para mejorar la educación y la sanidad, crear una red de residencias y afrontar de una vez el coste de la dependencia. La guerra es un gigantesco negocio para el gran dinero, pues las fluctuaciones de la economía que provoca favorecen la especulación financiera (ahora mismo, con el abre-cierra de Ormuz), la industria de armamento dispara las ganancias, debido a que la imperiosidad de la demanda y el secreto impiden la competencia, y, en fin, toda postguerra induce un fabuloso negocio de reconstrucción. Que no nos quede otra que armarnos no debería envilecer nuestras ideas y nuestra moral al respecto, debería reforzarlas.
Suscríbete para seguir leyendo
- La Guardia Civil decomisa en Galicia 28 kilos de pulpo que transportaba una empresa de Asturias
- Un futbolista, trasladado al HUCA tras el Oviedo-Granada: “Tenía mareos y no veía bien”
- Habla la familia afectada por el incendio en una chabola en Luanco: 'Queremos una vivienda; el Ayuntamiento nos ha dejado aquí tirados
- Muere un montañero tras sufrir una caída cuando hacía una ruta por Somiedo
- Morante y Pablo Aguado reescriben la historia de El Bibio
- Asturias se consolida entre los destinos turísticos mejor valorados de España: mejora su nota y solo tiene una región por encima
- Los Fuegos deslumbran a Gijón con su ritmo, colorido y su magia: 'La traca final ha sido impresionante
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir la jarra que filtra el agua más barata del mercado: disponible por menos de 7 euros
