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Asturias no puede seguir desentendiéndose de sí misma

La historia reciente del Principado es una invitación a preguntarse por qué el talento asturiano ayudó decisivamente a modernizar el país mientras la región quedó atrapada en las viejas costuras

El retablo mayor de la Catedral de Oviedo.

El retablo mayor de la Catedral de Oviedo. / LUISMA MURIAS / LNE

La historia reciente del Principado es una invitación a preguntarse por qué el talento asturiano ayudó decisivamente a modernizar el país mientras la región quedó atrapada en las viejas costuras

Cualquier repaso a la historia de Asturias, en especial la más cercana, revela una enorme paradoja. La región que aportó hombres capaces de construir el futuro de España en la política, la economía y el conocimiento no siempre supo dentro de casa imaginar el suyo, ni transformar ese inmenso caudal de talento en impulso propio. Los siglos XVI, XVII y XVIII resultan paradigmáticos.

En la Asturias de la Edad Moderna una fanega tenía seis tamaños distintos, según unos concejos u otros. Como si cada porción aumentara o disminuyera de capacidad por moverse del Oriente al Occidente. A la Junta le costó tres siglos poner fin a esa situación e igualar la unidad de medida. Que además la diversidad se mantuviera en la patria de Pedrayes, uno de los padres del sistema métrico decimal, era el colmo de los absurdos. Así se escribe el devenir asturiano.

Hay a lo largo de este periodo histórico una suerte de obstinación frente a la novedad: logros como el Hospicio, la Audiencia, la Universidad o el Instituto de Náutica jovellanista nacieron entre el rechazo. Jovellanos precisamente encarna como pocos este drama. Señaló antes que nadie las piezas imprescindibles –carreteras, educación, minería, reforma agraria– para catapultar un país al desarrollo. Pero murió sin poder encajarlas, golpeado por la incomprensión y la tragedia de una tierra invadida.

A finales del siglo XVIII, Asturias presentaba la menor renta per cápita del país. El 93% de la riqueza procedía de la agricultura. La propiedad del terreno cultivable estaba en pocas manos. La ausencia de una burguesía industrial y urbana impidió engancharse al salto que ya daba el continente. Los asturianos –honra alta, oportunidades pocas– cruzaron el Atlántico porque en casa carecían de comida para todos. Este tiempo se convierte también en una sucesión permanente de peticiones de auxilio a la Corte. Casi siempre sin respuesta.

Auxilio y resistencia

La Asturias actual, aunque siga rezagada, en nada se parece, evidentemente, a aquella de itinerarios tortuosos, penurias extremas y abundantes necesidades. Pero algunas de sus inercias, como resistir a toda costa por mantener el statu quo o delegar en manos ajenas el timón de su destino, persisten bajo formas nuevas: la discusión accesoria, la reyerta permanente, el agravio como refugio, el parche como remedio. Quizá todo nazca de un exagerado amor paralizante. Los asturianos veneran tanto su paraíso que lo disfrutan idílicamente abstraídos, inertes ante la iniciativa y el compromiso, y consideran cualquier cambio una traición a las tradiciones.

La Historia explica el presente y ayuda a afrontar con más fortaleza el futuro. Nos dice lo que somos y permite preparar lo que seremos. Cuando se encara con orgullo y épica, pero sin complacencia, la memoria se vuelve advertencia. "Asturias en la Edad Moderna (1500-1812)", la colección de libros de este periódico que llegará a los lectores a partir del próximo fin de semana, además de un viaje a una época memorable, supone una invitación a preguntarnos por qué una comunidad que proporcionó ideas y locomotoras para el progreso ajeno quedó tantas veces varada en vía muerta, dejando escapar sus propios trenes al enredarse con frecuencia en equilibrios imposibles y debates estériles.

El pasado no está para repartir culpas retrospectivas ni para alimentar la melancolía. Este Principado, que envió a muchos de sus mejores hombres y mujeres lejos a pensar, gobernar, explorar, combatir, reformar, escribir y abrir páginas gloriosas, tiene la obligación también de encontrar aquí los caminos de prosperidad que lo eleven. ¿Existen figuras tan prominentes en la realidad regional como las de entonces para liderar el resurgimiento? Falta perspectiva para valorarlo. Una cosa sí está clara: la comunidad no puede continuar desentendiéndose de sí misma. Es el momento de empujar al unísono por Asturias.

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