Opinión
Tres norteamericanos en busca de sus raíces asturianas
Un plan para recorrer la región a cuenta de un viaje familiar
Luis Roda García es magistrado retirado y fue juez decano de Gijón
Mi bisabuela Encarnación Braña se casó dos veces. Víctor Fernández, su primer marido, falleció en la mina "Coruxas" en enero de 1897, no sé muy bien si aplastado por un derrabe de carbón o envenenado por grisú. Victor tenía 31 años y dejaba cinco hijos menores, uno de menos de dos años -Joaquín-, y otro de meses -José María-. Encarnación volvió a casarse, poco tiempo después, con mi bisabuelo Nicanor García, y los cinco hijos del primer matrimonio quedaron con los nuevos esposos. De esa segunda unión nacieron tres hijos más, y el primero fue mi abuelo Manolo. Joaquín y José María emigraron a Estados Unidos. Desde allí pretendieron que mi abuelo siguiera sus pasos, pero Encarnación se negó rotundamente a separarse de más hijos. Nunca más volvió a ver a los dos únicos varones que tuvo con su primer marido.

Por la izquierda, Melissa, Scott, Bárbara y Luis Roda, en la playa gijonesa de San Lorenzo. / .
Mi abuelo intentó siempre mantener contacto con sus hermanos y primos que habían emigrado a Estados Unidos. Joaquín falleció joven, en 1927, dejando dos niños pequeños, Jack y Dennis, que quedaron a cargo de su viuda, Celestina León. De José María nunca supe nada. Imagino que ambos escribían a su madre, porque la bisabuela Encarnación, que no sabía leer, pedía a todos los que venían a visitarla que le leyeran las cartas de sus hijos, aunque ella las sabía de memoria. Antes de buscar las cartas en la alacena, arrimaba un pequeño pote con café a la parte más caliente de la cocina. De esa sencilla manera, agradecía al lector su pequeño servicio.
El abuelo Manolo me dejaba leer las cartas que recibía desde Norteamérica. Un día me contó que había conseguido la dirección de su sobrino Jack, que era directivo de la aerolínea PanAm en la isla de Guam, y empezó su relación postal, con él, que finalizó cuando el 21 de junio de 1986 falleció mi abuelo. Escribí a Jack, que entonces vivía en Orlando, para informarle de la muerte de su tío y, casi inmediatamente, él y yo nos convertimos en los nuevos corresponsales que volvían a conectar las dos ramas de la familia. Lo primero que me contó fue que su esposa se llamaba Peggy y que tenía cuatro hijos, Barbara, Jack, Scott y Peggy, que le habían dado varios nietos.
La primera visita a Asturias
Un día del año 2014 Cristina me comunicó una muy mala noticia: Bárbara le escribió contándole que su padre había fallecido. La desaparición de Jack tenía una tristeza añadida, pues cerraba otro capitulo de la historia familiar.
Durante algún tiempo hubo pequeños contactos postales y por correo electrónico con Scott, Bárbara y Peggy. Nos preocupaba que se volviera a perder aquella relación tan estrecha y largamente mantenida. Pero, a raíz del fallecimiento de John Bloss, el marido de Bárbara, ella se refugió en el silencio durante un largo período. Intentamos saber cómo estaba y enviamos mensajes con frecuencia, hasta que Scott nos explicó la situación. Curiosamente, a partir de los correos electrónicos de Scott, se inauguró una nueva etapa entre las dos ramas de la familia y, en medio de ese ímpetu renovador, Scott nos comentó la posibilidad de viajar a Asturias. Según iba afianzándose el proyecto, los viajeros quedaron reducidos a tres: Bárbara, Scott y Melissa, su esposa. Eran evidentes las dotes de mando y organizativas que tenía mi primo segundo. En un correo se lo comenté, y me respondió:
–Melissa dice que soy muy "mandón"...
–¡Vaya! -intervino Cristina-...ya sé a quién de la familia te pareces tú...
Santullano y Valle de Cuna
Como en Gijón solo iban a estar tres días y medio, planifiqué las visitas a varios lugares que me parecía interesante que conocieran, porque estaban relacionadas con su familia paterna. La primera de ellas fue al cementerio de Santullano. El acceso al cementerio andando es penoso y, con el coche, bastante arriesgado, porque la carretera es estrecha y de fuerte pendiente.
La idea era que mis primos pudieran estar, por primera vez en su vida, al lado de los nichos en que reposa buena parte de la familia paterna. La bisabuela Encarnación comparte nicho con su hija, tía "Chon". Al lado están enterrados el tío Lady, el otro hijo varón del segundo matrimonio, y su esposa Goyeta, y en dos nichos frente a ellos están los restos de mi abuelo Manolo, la abuela Amelia, mis padres y tía Mary. En menos de seis metros cuadrados, reposan todos ellos. No duro mucho la visita, pero sé que captaron su carácter simbólico.
Aquel primer día también intenté que vieran lo que quedaba en pié de una casa en Viade, cerca de Valdecuna, donde residieron Encarnación, Nicanor y la prole de los dos matrimonios que contrajo la bisabuela, pero la vegetación había crecido mucho y tampoco estaba permitido pasar por el camino que conducía a aquel lugar. Acabamos comiendo en Cenera, en el restaurante La Panoya, bajo una hermosa y vetusta panera, y terminamos la jornada visitando el Santuario de los Mártires Cosme y Damián, cerca de Insierto, donde les comenté la importancia de aquella fiesta del 27 de septiembre y la plena seguridad que tenía de que Encarnación y todos sus hijos habían estado allí en muchas ocasiones, por lo que estábamos pisando terrenos que también pisaron sus pies.
¿Cómo viajó Joaquín a EE UU?
No se pueden establecer equivalencias exactas entre los motivos que impulsaron la emigración a América a principios del siglo XX y los que, en la actualidad, generan una corriente migratoria desde África hacia Europa, pero hay uno común a los emigrantes de todas las épocas: el legítimo interés de mejorar su situación personal y familiar.
¿Qué expectativas laborales tenía Joaquín en Mieres? Seguramente, dedicarse a la minería, como buena parte de los jóvenes de su época sin cualificación profesional que les permitiera acceder a trabajos menos peligrosos. Y quizás haya tenido peso, a la hora de tomar la decisión, el haber perdido a su joven padre en una mina.
Conversando con mis primos, no está muy claro cómo su abuelo Joaquín llegó a Norteamérica. Yo siempre creí que había salido del puerto de Vigo, pero Scott me comentó que tenía noticias de que, primero, había viajado hasta Inglaterra y que, desde allí, embarcó con destino a Estados Unidos. Seguramente lo hizo en plena primera guerra mundial, pese a que habría resultado más seguro salir desde España, porque los submarinos alemanes atacaban tanto buques militares como mercantes. El transbordador francés "Sussex", que hacía la ruta entre Folkestone y Dieppe, transportaba civiles el 24 de marzo de 1916 cuando fue alcanzado por un torpedo. En aquella jornada falleció el compositor Enrique Granados, al intentar rescatar del agua a su esposa. Sus cuerpos nunca fueron recuperados. Y pienso que no sería extraño que el viaje desde Francia a Inglaterra lo hubiera realizado Joaquín desde el puerto francés de Dieppe, y quizás en el mismo transbordador "Sussex", pocos años antes de aquel ataque.
Covadonga, Oviedo y La Rebollada
Al día siguiente fuimos a Covadonga. Cumplimos el rito de encender velas por toda la familia, visitamos la Santa Cueva y les hice un resumen de la historia de la famosa batalla, con todo su contenido legendario y dudas acerca de si sucedió o no y en qué año tuvo lugar, el 718 o el 722. Hablamos de lo que significaba la "Reconquista", y les conté mi opinión sobre ella, pues la creación del Reino de Asturias y el posterior desplazamiento de la corte a León ponía de manifiesto la intención de recuperar el territorio ocupado por los musulmanes, tarea que duró ocho siglos. Cristina les explicó el carácter religioso y sentimental de Covadonga para los asturianos, que siempre acudían al Santuario antes de emigrar, por lo que no tenía duda de que Joaquín estuvo en Covadonga antes de iniciar la aventura americana.
El tercer y último día tenía un plan que rebasaba el tiempo disponible. Quería llevarlos a la catedral, al museo arqueológico y, por la tarde, a la Universidad Laboral. La parte antigua de la capital les encantó y, al salir de la catedral les propuse una alternativa a la visita del museo: hacer un viaje desde Oviedo a Mieres por la antigua carretera N-630, bajando La Manzaneda, subiendo las curvas de El Padrún y continuando la experiencia cercana a una montaña rusa por La Rebollada, para que conocieran El Rollo, donde nació su abuela Celestina León. Aceptaron inmediatamente. Recordé la vieja historia de los ingenieros de minas madrileños que venían a trabajar a Mieres y, con notable carga de ironía, preguntaban cómo se diseñaban en Asturias los caminos y carreteras, que tantas curvas tenían. "Soltamos a un burro desde la parte alta de un monte y, según por donde él vaya bajando, vamos trazando el camino", explicó el interrogado campesino. "Y, si no tienen burro ¿qué hacen?", insistió el madrileño. "En ese caso, soltamos un ingeniero", respondió el aldeano.
Scott tomó fotografías del cartel indicador de "El Rollo", medio oculto por la vegetación y, cuando llegamos a la Rebollada, estacioné el coche cerca de la iglesia, que solo conserva algunos elementos de la anterior, que fue demolida en 1921, por lo que ya no era la que conoció Celestina y en la que, seguramente, fue bautizada, hizo la Primera Comunión y asistía a misa. Allí tuve ocasión de ver con qué emoción Scott y Bárbara acariciaban los sillares que, seguramente, se aprovecharon del viejo templo del siglo XIII, al igual que los canecillos. La iglesia no era la misma, pero ocupaba el lugar de la anterior…Semanas más tarde, Scott me escribió un correo desde Chicago:
–"La visita a la iglesia de la Rebollada fue una de las que más emoción me ha producido".
Por la tarde, en la Universidad Laboral, recorrimos la iglesia, las cocinas, la zona donde trabajaban las monjas y subimos a la torre desde la que hay una magnífica perspectiva de Gijón y sus alrededores. El atardecer de aquella tercera jornada, con un cielo rojizo y anaranjado hacia la Campa de Torres, aportaba un toque melancólico, pues al día siguiente emprendían en regreso en el AVE a Madrid, para luego enlazar con el de Barcelona y, horas más tarde, viajarían a Chicago. Aquella última noche fue especialmente hermosa. Quedamos hablando en casa hasta no sé qué hora. Melissa, agotada, prefirió ir a dormir al hotel.
La despedida
A los andenes de la estación de Gijón, por razones de seguridad, no se permite el paso de quienes no van a viajar. Nos abrazamos y estuve esperando hasta que subieron al tren. Me despedí de ellos agitando los brazos a lo lejos. La historia de la emigración de Joaquín a Estados Unidos desde Asturias, iniciada hace más de cien años, había completado el círculo gracias a la visita de sus nietos, que volvían a tener contacto con las personas con las que compartían genes y a recorrer los lugares por los que su abuelo paterno había caminado. Supongo que habrán captado las vibraciones de felicidad que emitían los restos de Encarnación al sentir, desde su cuidado nicho, la cercanía de sus bisnietos. Allí espera, en paz, la prometida resurrección.
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