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Opinión

Rajoy, "cara de palo"

La última metedura de pata del expresidente del gobierno

Mariano Rajoy es el Buster Keaton de la política española. Aquel genio del cine mudo jamás alteraba el rostro mientras el mundo se derrumbaba a su alrededor; Rajoy, con idéntica impasibilidad, es capaz de escribir que Francia tiene un gran equipo «pero sin franceses» y quedarse tan fresco, sosteniendo el habano con la gravedad de quien hojea el BOE. En un panorama saturado de políticos que ensayan la sonrisa frente al espejo, él prefiere el tontuno estilo de Andy Kaufman: lanzar la lindeza, ver cómo el gallinero se revoluciona y contemplar el incendio sin parpadear, como “cara de palo”.

La diplomacia de París y la Moncloa se han rasgado las vestiduras, convocando gabinetes de crisis contra el "xenófobo" registrador de la propiedad. ¡Qué falta de oído para el absurdo! No entienden que el gallego opera en otra dimensión humorística. Es el maestro del despiste, un cómico de la paradoja que un día nos deleita con la conclusión incuestionable de que «un vaso es un vaso» y al siguiente desmonta la geopolítica del fútbol con la brocha gorda de un chiste de barra de chigre.

Exigirle rigor sociológico a Rajoy es como pedirle a Groucho Marx que suelte el puro. Su posterior respuesta, un lacónico «ellos no piden perdón por nada», es el remate perfecto de su jugada. Al final, mientras los analistas se desgañitan descifrando el sesgo de su prosa, Mariano se entretiene pasando las hojas del Marca. Nos queda el alivio de saber que, si el país se hunde, al menos nos pillará con el rostro imperturbable de un tipo que nunca se enteró de qué iba la película.

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