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Aún así, buena reputación de España

Dónde estaríamos sin tanta política polarizada y sin judicatura posicionada

Nada agota más que seguir la actualidad. Gobiernos, juzgados, parlamentos y, con ellos, el deporte, los sucesos, incendios, terremotos, fiestas y la vida misma generan noticias cada día y cada minuto hasta doblar por cansancio al que pretenda estar al corriente de lo que pasa. Antes ya bastaba, y cansaba, lo que sucedía cerca, en tu región, o en tu país, a lo sumo. Ahora se cuenta al instante lo que pasa en cualquier rincón del mundo. Y no es suficiente para aislarse con no encender el televisor, la radio, o no leer periódicos, porque esas noticias están en tu bolsillo, en tu teléfono. Allí hay prensa, radio, tele y además redes sociales hirviendo con opiniones, algunas interesantes, que hay que distinguir entre el caudal de agua embarrada que huele a desahogo y frustración personal.

Hacerse un hueco, colocar una frase, impulsar una marca o difundir una imagen en ese río desbordado de información es cada vez más difícil. Pero hay quien, con tesón e imaginación, entra en la actualidad oportunamente por cualquier resquicio.

Que el Tribunal de Justicia Europeo avala el fin conciliador de la ,ley de Amnistía descolocando a los jueces, políticos y medios que proclamaron lo contrario, pues se desempolva en las horas siguientes una noticia de la Audiencia de Madrid ratificando que Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, deberá sentarse ante un tribunal con jurado y así se trata de cambiar la conversación. Se le acusa de dos delitos –tráfico de influencias y malversación–, aunque ya no de cuatro, como pretendía el famoso juez Juan Carlos Peinado, que hizo de este asunto su caso estrella sin arredrarse por las continuas correcciones a su deficiente instrucción. Malversación sí, aunque la propia UCO investigadora de la Guardia Civil reconociera que en sus cuentas personales no había entrado ni un euro relacionado con su cátedra. Decía hace unos días el juez Manuel Marchena que la desconfianza de los ciudadanos hacia la justicia es "una tragedia". Sin duda. Revisar sentencias increíbles –como el condenar sin pruebas– en los casos más recientes da pistas sobre el origen de esa falta de confianza.

Pero salir al exterior aporta contenidos inesperados que también cambian la conversación. Que Donald Trump decide reanudar sus bombardeos sobre Irán, después de haber celebrado hace pocos días un "acuerdo histórico" de paz, es buen motivo para que su ministro de la Guerra –el extertuliano Pete Hegseth– anuncie, para ocupar espacio informativo, "exámenes obligatorios de testosterona" a los integrantes de las Fuerzas Armadas. Esos análisis no aportarán ninguna mejora a la capacidad operativa militar, pero, ante todo, ayudan a que no se hable de las órdenes erráticas del jefe Trump. Y así sucesivamente.

Y, sin embargo, apenas ha trascendido que la nueva investigación sobre la reputación de los países –el RepCore Nations 26– concede a España el puesto número doce, mientras retrocede Estados Unidos y se desploma Israel hasta el penúltimo puesto de una lista de 60. En un contexto de retroceso del 0,9 como promedio, España baja 0,6 pero escala dos puestos. Valora el estudio atributos españoles como el estilo de vida, el éxito deportivo, ocio, cultura, respeto a los derechos humanos y sostenibilidad. Y cada punto de reputación se asocia a más turistas y a un 1% de incremento de inversión extranjera. Bien. Pero hay que vender mejor al exterior y mostrar capacidad tecnológica. ¿Dónde estaríamos sin tanta política polarizada y sin judicatura posicionada? n

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