Opinión
Cuando un bosque se quema….
La responsabilidad de las administraciones autonómicas en la prevención y la extinción de los incendios forestales
Los informativos abren casi todos los días con el recuento de las zonas que se queman en nuestro país. Es la desgracia de cada verano. Es la constatación de que el campo está abandonado. Además de que a los responsables de su conservación parece que les da lo mismo se queme o no nuestro campo. Mientras tanto en algunos entes autonómicos se habla de bajar impuestos. Y es que los impuestos para ellos, sus responsables, son multas al ciudadano, no un depósito para pagar la educación, la sanidad, las infraestructuras…, para emplear en prevención, para pagar salarios y comprar material que sirva para combatir el calor, la sequía, el riesgo de incendio, la revitalización de esa Naturaleza que nos da la vida.
Cuando termina la época estival y se observan los destrozos del fuego se declaran intenciones de enmienda. Pero parece solamente el lamento de alguien que no se considera culpable. No se hace nada. Al verano siguiente ocurre lo mismo, insuficiencia en prevención, contrato temporal de nuevos bomberos, dejadez en la conservación de la naturaleza, etcétera, etcétera. Y así un año tras otro. No cambia nada. Una vergüenza.
Se cumplen ahora ocho años de la carta que una serie de entidades ecologistas remitieron al nuevo Gobierno. "Funcionarios públicos; miembros de entidades conservacionistas subvencionadas; ganaderos y pastores, empresarios que tenemos o hemos tenido contratos con la Administración Pública, proponemos que se nos recorte". Así comenzaba la misiva enviada en 2018 al nuevo ejecutivo, el primero con un específico Ministerio de Transición Ecológica. "Planteamos reducir a la mitad el presupuesto que se destina a la conservación de la naturaleza, contribuyendo con ello a facilitar el recorte de los 10.000 millones de euros anuales que habría que realizar en 2019 y 2020", para reducir la deuda, seguía la carta. Y a continuación solicitaban "que la gestión del medio natural deje (dejase) de ser monopolio de la Administración Pública y que ésta facilite (facilitase) el acceso a la política de conservación al sector social interesado en proteger y producir fauna amenazada".
Todo quedó en saco roto. La propuesta -quizá dirigida a un destinatario equivocado-fue presentada en una cumbre ecológica en Europa celebrada en Berlín. Nadie hizo caso. Los gobiernos autonómicos parece que no quisieron enterarse. Y así la tragedia continúa. Ha habido grandes desgracias desde entonces, con numerosos muertos, bomberos forestales entre ellos, residentes en las zonas incendiadas, animales, terrenos calcinados muchos de ellos irrecuperables. También intereses en los fuegos y culpables no identificados. Hay de todo en este mundo de los incendios forestales. Pero sobre todo, dejadez política.
Si el gran humorista Jaume Perich plasmó aquello de "Cuando un monte se quema… algo suyo se quema, señor conde", se quedó corto. Hoy podríamos decir "cuando un monte se quema, algo suyo se quema señor con… sejero". Seguirá habiendo bosques de condes pero los verdaderos responsables de que la Naturaleza siga viva son los gobiernos autonómicos, sus consejeros. Tener poder sobre el medio ambiente es tener un gran poder pero también una gran responsabilidad. Esta es la que parece que no se asume. Cuando termina la calma estival se olvidan del fuego, de la terrrible sequía que ha calentado el campo. Los campos arrasados, las viviendas arruinadas, las desgracias personales vuelven a olvidarse como cada año. Los contratos temporales a los bomberos temporales se acaban. Los campos, algunos campos, empiezan a recuperarse pero eso parece una licencia para olvidarse de los problemas.
El caso es que hasta que no se vislumbra la siguiente temporada estival no se comienza a contratar a nuevas cuadrillas contra incendios. Pero han pasado meses de abandono, sin control mediombiental. Eso es lo que pretendían evitar los firmantes de la carta de ofrecimiento para hacerse con la gestión de nuestra Naturaleza.
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