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¿Se ha corrompido usted?

El juez Calama ha rechazado la nulidad del caso que reclama Zapatero mientras que su abogado insiste en que admita la petición. Para ello alega otras fechas distintas a las que esgrime el magistrado de la Audiencia. Si hasta ahora llamaba poderosamente la atención que un hombre tan convencido de inocencia basase su defensa en la anulación del proceso, no lo parece tanto después de haber escuchado al expresidente ante un entrevistador de la televisión pública que le preguntaba a media voz para que él respondiese negándolo todo. No hay otro clavo ardiendo al que pueda agarrarse salvo a una revocación. En el plano político hace tiempo que está muerto y el judicial le plantea un callejón sin salida. La presunción de inocencia está abriendo paso a una apariencia de culpabilidad sin que el propio Zapatero pueda librarse citando a Borges.

Negar absolutamente todo lo que le incrimina es precisamente lo que ha empujado al supuesto testaferro y amigo —nadie quiere ir a la cárcel— a destapar con su testimonio la implicación del expresidente en el rescate de Plus Ultra. Nadie tampoco se explica por qué acudió al plató mostrándose tan débil sin aclarar siquiera el origen de las joyas, salvo decir que fueron un regalo de cortesía por el que no mostró interés. Aún sospechando que fue el propio PSOE el que le empujó a prestarse a la entrevista para despejar las dudas que se ciernen sobre el Ejecutivo, no creo que sus explicaciones hayan resultado convincentes para el partido al que ya solo le une el frágil hilo de una supuesta complicidad. Zapatero es un personaje trágico atrapado en su propia indefinición y en el disimulo. "¿Presidente se ha corrompido usted?", le preguntó el entrevistador entre susurros. "No, en absoluto…", respondió el contador de nubes. El presunto inocente se agarra a la invalidación procesal.

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