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Odiseo en la Moncloa

Sánchez, el antihéroe clásico y su periplo al vacío

En la apoteósica "Odisea" de Chritopher Nolan, Ulises pleitea por volver a casa mientras su tripulación perece devorada por gigantes o convertida en gorrinos tras una bacanal. Nada que no resuene en la cabeza de Pedro Sánchez, cuyo «Manual de Resistencia» ha pasado de épica homérica a sainete carcelario con frecuentes escalas en la Audiencia Nacional.

La nave del sanchismo surca aguas turbulentas, pero en esta historia los cantos de sirena no atraen a los marineros: los espanta con citaciones judiciales. El oráculo Zapatero, atado al mástil para no desoír el fragor de los juzgados, insiste en que las olas procesales son solo espejismos farsantes; y los oropoles, cuentas baratas de cristal. Mientras, antiguos oficiales de la tripulación —transformados en fauna judicial— descubren que la isla de Circe no ofrecía impunidad, sino prisión preventiva.

Sánchez, que para embaucar a tirios y troyanos alardea a todas horas del engaño del caballo, maniobra entre Escila —sus socios de investidura, que cobran el peaje a precio de oro—; y Caribdis, —los jueces voraces que escupen fuego y sumarios—, bordeando los remolinos del estrecho de Mesina.

La diferencia con el filme de Nolan es que el Odiseo de Moncloa no necesita el auxilio de los dioses: le basta con predicar al rebaño desde el púlpito que cada tormenta que se avecina es solo el ruido de los efectos de sonido de la factoría de Pixar. Y así, Sánchez sigue remando ufano hacia Ítaca, mientras la Justicia desteje la madeja de su fiel Penélope.

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