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La OTAN y Donald Trump

La organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se crea en el año 1949 con la finalidad de defender militarmente a los 32 Estados que la conforman. Recientemente, ha celebrado una cumbre en la ciudad turca de Ankara. Tres personas han sido protagonistas del encuentro. El Presidente de Turquía, como anfitrión del evento; el actual secretario general de la OTAN, Mark Rutte y el presidente de los Estados Unidos de América (EE UU). El comportamiento del señor Mark Rutte ha dejado mucho que desear. ¡Qué halagos¡, ¡qué peloteo¡, ¡qué sonrisas al mandatario estadounidense! ¡Solo le ha faltado limpiarle los zapatos! En su presencia, este gobernante, insultó gravemente a todo un pueblo, miembro de la Alianza y el señor secretario general ni sé inmutó. No hubo una sola palabra en defensa de España. Parecía más preocupado porque su corbata estuviera perfectamente centrada para la foto de rigor que por asumir las responsabilidades inherentes a su cargo.

Por su parte la conducta del señor Trump, se basa en el insulto permanente, las descalificaciones, las amenazas y la humillación a todos los países de su entorno. Resulta fácil observar que muchas de sus declaraciones, relacionadas con cuestiones tan diversas como Irán, el estrecho de Ormuz, la política arancelaria, la inmigración o las relaciones comerciales internacionales, tienen una enorme repercusión en los mercados financieros.

La pregunta es inevitable: ¿conocen previamente sus asesores económicos o las personas de su entorno más cercano los anuncios que realizará al día siguiente para poder adelantarse a los movimientos del mercado? Muchos ciudadanos pueden albergar esa sospecha. Lo cierto es que su fortuna personal se ha incrementado considerablemente a lo largo de los últimos años. Y Europa, ¿dónde quedaron aquellos líderes ilustres que marcaron una época como: Charles de Gaulle, Konrad Adenauer, Winston Churchill, Margaret Thatcher o Angela Merkel? En la actualidad, la mayoría de los ciudadanos apenas conocen el nombre de muchos de los mandatarios europeos. Hace falta un dirigente europeo que pueda liderar a todos los demás jefes de Estado para poder dar una respuesta unida y contundente a las ocurrencias diarias de quién preside la mayor potencia mundial.

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