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Sobre las adicciones

El peligro de que las pantallas y lo que por ellas circula acabe siendo una adicción para adolescentes y jóvenes es muy real, incluso ya una realidad sin más. Pero adicciones de adultos las hay para dar y tomar. Somos adictos al consumo por el consumo, la gasolina, los plásticos de toda clase, los placeres (todo placer pide eternidad), el poder, el amor, la religión y hasta a las penas. Para Burroughs la más terrible adicción era a la cháchara. En cuanto a la adicción a uno mismo, cuyos excesos están en el origen de males sin cuento, incluida la guerra (tal vez una adicción en si), no solo se tolera, sino que se promueve en dosis controladas bajo el nombre de autoestima, persiguiéndose clínicamente su falta y estando muy reprobado llevar ésta a mayores. Así que en realidad somos un puñado o manojo de adicciones más o menos organizadas con arreglo al patrón o combinatoria de cada uno.

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