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La frontera sur

Marruecos no improvisa, persevera. Parece como si en el Gobierno nadie lo tuviera en cuenta. Este último episodio vivido en Ceuta vuelve a recordarlo. Si miles de personas son capaces de poner en cuestión la inviolabilidad de una frontera europea, el mensaje trasciende con mucho el problema migratorio. Rabat sabe que la inmigración puede convertirse en un eficaz instrumento diplomático. Ya ocurrió en 2021, cuando la entrada masiva de inmigrantes evocó inevitablemente la lógica de la Marcha Verde: utilizar la población civil para alterar una realidad política sin recurrir a la fuerza militar convencional. Cambian las circunstancias; permanece la estrategia.

Lo desconcertante es la reacción española. Pedro Sánchez encuentra tiempo para afear a sus socios europeos cualquier discrepancia, para descalificar resoluciones del Tribunal Supremo cuando afectan a su entorno político, denunciar conspiraciones judiciales o atribuir las sentencias a un efecto llamada como en este caso, pero extrema la delicadeza cuando se trata de Marruecos. Rabat parece disfrutar de un privilegio diplomático del que carecen incluso los aliados comunitarios. Pero es natural y lógico que estos aliados, Italia y Francia, muestren desconfianza por la manera en que España descontrola su frontera más meridional. Para comprobarlo solo hace falta remitirse a los hechos.

Nadie cuestiona la necesidad de mantener una relación estable con el vecino del sur al que se ha concedido, además, la prerrogativa del Sahara. Lo inquietante es que esa estabilidad empiece a parecerse demasiado a la renuncia. Marruecos nunca ha ocultado sus aspiraciones sobre Ceuta y Melilla. Siguen presentes en su discurso oficial y forman parte de una estrategia de largo recorrido. Fingir que han desaparecido porque existe una buena sintonía entre gobiernos es confundir diplomacia con autoengaño.

Las naciones piensan a varias décadas vista. Marruecos lo hace. Conviene recordar que las fronteras no suelen perderse de golpe. Empiezan a erosionarse el día en que se deja de hablar de ellas con claridad.

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