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Los modales importan

Los angloparlantes lo resumen con una frase sencilla: mannersmatter –los modales importan–. Uno de los primeros aspectos en el que hago hincapié, tanto en la composición de textos en inglés en el instituto como en los talleres de escritura, es la adecuación al contexto. Enviar un correo solicitando trabajo a una empresa requiere fórmulas que varían de las que empleamos si le pedimos ayuda a un amigo. Algunos estudiantes asimilan con rapidez lo esencial de distinguir unas formas lingüísticas de otras. Cuando muestran mejoras en el dominio de la pragmática -uso del lenguaje según la situación comunicativa-entonces, apostaría, crecen también en madurez. "Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo", dice el aforismo del filósofo Wittgenstein.

Pero a buena parte del alumnado le cuesta comprender la pérdida de puntos en un examen por no ajustarse al registro. Tengo la impresión de que en España solemos confundir cercanía con ausencia de límites. Habría que ver de qué forma ha influido la posibilidad de contactar con quien sea, sobre cualquier cosa, a cualquier hora. Una sociedad cívica comprende que la autoridad no nace de la distancia moral, pero tampoco de mezclar los escenarios a la primera de cambio. La autenticidad no está reñida con el respeto al registro y a los distintos grados de cortesía que cada situación requiere.

Quienes vivimos en pueblos pequeños ponemos a prueba los roles cada día. Como en una película de bajo presupuesto, nadie actúa con un solo papel. El panadero es también el papá del compañero de clase de la hija. El médico recién se ha incorporado a las clases del coro. Las maestras visten bikinis en la piscina y toman helado sobre una toalla en el césped. La banquera levanta las mismas pesas que el hipotecado en el gimnasio municipal. Y, aunque todos mudamos de piel según la hora y el contexto, cada capa suma, no invalida la anterior.

Sin embargo, en los últimos veinte años la televisión ha convertido la inadecuación en espectáculo y la trifulca en promesa de entretenimiento. Ciertos formatos de la televisión privada han transformado la interrupción constante y la humillación en fuente de ingresos gracias a quienes disfrutan de la intromisión en las vidas ajenas del peor gusto. Escenarios amañados como caldo de cultivo para que surja una violencia que luego, nos sorprende, niños y niñas replican en sus relaciones, como en el lamentable caso de las jóvenes de Moguer que conocimos esta semana.

El respeto a los distintos niveles de formalidad según contexto, por tanto, no impone un corsé, sino unas garantías para convivir en armonía que no nos convendría seguir perdiendo. La adecuación empieza por reconocer a los otros y ser capaces de ofrecerles el respeto que merecen. Una forma de elegancia al alcance de cualquiera y que nunca pasa de moda. La inteligencia de saber qué se dice, cuándo, cómo y a quién decírselo. n

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