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Después de 2027, ¿más Frankenstein?

El futuro del PSOE y sus alianzas para mantenerse en el poder

La primavera de 2027 está a la vuelta de la esquina, y por mucho que se quiera resistir hasta entonces prolongando este presente sin futuro, seguramente poco se podrá hacer para revertir un cambio de ciclo que encuestas de todo tipo y clase, elecciones parciales y la mayoría de los ciudadanos, parece que ven irreversible.

Intuir que ese cambio de ciclo tiene muchas papeletas para producirse no exige ser augur, ni adivino. Basta con no estar ciego, ni sordo, porque entre los españoles aumenta la hartura en relación con la situación de tensión y agresividad política permanente y, desde luego, se aborrece la estupidez de los insultos, así como la corrupción confirmada y las sospechas de la misma y, sobre todo, abruma la incapacidad para conseguir acuerdos de futuro sobre cuestiones que per se son esenciales para la vida normal de los ciudadanos

Lo contrario, imaginar que de aquí a la primavera de 2027 pueda aparecer por pueblos y ciudades de España un estimulador eficaz del voto del llamado progresismo en sentido contrario a lo que dicen las encuestas (algo así como un faro zapateril modelo 2023) es algo que solamente se puede imaginar a partir de historias tan inverosímiles como las del callejón del gato valleinclanesco.

En fin, visto lo visto: ¿a partir de 2027 se podría ofrecer a los ciudadanos españoles una nueva versión del constructo político Frankenstein?

La verdad es que parece difícil. Todos los datos indican que el actual Frankenstein está ya descuajeringado, sin posible norte programático común y con escasa soldadura interna. Su imagen de cohesión publica es bastante endeble, y da la impresión de que tiene muy pocos puntos en común como para sustentar un proyecto político estable y de futuro, al menos si nos atenemos a las declaraciones que hacen sus portavoces más cualificados y famosos .

Pero, por poder, claro que se podría intentar un nuevo Frankenstein, y a lo peor se intenta, aunque no sé cómo.

Efectivamente, no parece posible casar sin más las aficiones xenofóbicas de bastantes independentistas con el "¡que venga todo el mundo para aquí!" que proclaman los de Sumar y Podemos. Tampoco parece fácil encajar los proyectos económicos de Junts y del PNV con los de Sumar y Podemos, al menos en cuanto afectan a las rentas y propiedades de las clases medias…

Por otro lado, en una hipotética nueva legislatura progresista seguramente el mundo de los independentistas querría elevar su apuesta y exigir ya un referéndum de independencia o, cuanto menos, que se articule algo así como una Confederación con enormes ventajas económicas e institucionales para ellos, como la aplicación del cupo vasco y su opacidad en el ámbito catalán, pagado, por supuesto, por el resto de los españoles ( lo que conociendo la historia de España sería el germen de algo aterrador, y no hay que engañarse con palabrerías vanas a lo Iván Redondo).

Por su lado, tanto los comunistas de vieja prosapia como de nuevo cuño han dicho reiteradamente que les gustaría sacar adelante un referéndum sobre monarquía o república. ¡Casi nada, en términos de concordia y de tranquilidad social y para configurar un horizonte estable y beneficioso para la sociedad española ¡.

En cuanto a los de Bildu todo indica que se mantendrían impertérritos y apoyarían lo que fuera si se les facilita sus enormes ganancias penitenciarias, y se les da respetabilidad en el medio vasco, pues lo que les importa es ver si con el apoyo del progresismo pueden ganar al PNV y hacer allí lo que tengan pensado hacer, si algo piensan de futuro.

En esa tesitura, el llamado progresismo o socialismo en curso quedaría a su aire, manteniendo fuerza básicamente en Cataluña gracias a los indultos y a la amnistía que no se sabe hasta dónde han producido los efectos mirifico-pacificadores que se les atribuye, aunque lo haría siendo rehén de socios propios (el PSC no es el PSOE) o ajenos, conformando una plataforma para mantener el poder y sus sinecuras no se sabe muy bien para qué, y disimulando la dificultad de pactos económicos imposibles entre socios inverosímiles.

Por todo eso, parece que un nuevo Frankenstein no es muy viable, por más que se intente.

Un partido como el PSOE, que tiene un número muy estimable de alcaldes y concejales respetados y queridos por sus conciudadanos porque han hecho una buena labor y, cuyos actuales presidentes autonómicos, los de Castilla-la Mancha y Asturias, son también respetables y honorables, y que, en el peor de los casos, en sus horas más bajas, ha podido aglutinar entre un 23 y un 28 % del electorado español como demuestran los datos de las últimas elecciones autonómicas, es per se una fuerza muy importante, y muy a tener en cuenta.

Si está bien orientado y dirigido puede ser decisivo para el mantenimiento de los servicios y derechos públicos y privados de los españoles . Por ello, aun minoritario, puede hacer mucho bien y, si lo hace puede situarse estratégicamente en los años venideros como una verdadera opción de futuro. Pero no nos engañemos, también puede hacer mucho mal, manteniendo la artificial y fratricida separación radical de las dos Españas, fomentando la crispación y él no es no a todo pacto con el PP, por necesario y beneficioso para la sociedad que este sea, y por mucho que eso beneficie a la extrema derecha.

En el horizonte español de 2027 es obligado, creo yo, acordar pactos y leyes de gran entidad para resolver una muy larga serie de problemas que solo pueden afrontarse entre fuerzas distintas que representen a la inmensa mayoría de los votantes españoles, se identifiquen estos con la derecha o con la izquierda.

Vale la pena enumerar someramente algunos de ellos, los de mayor actualidad que, en puridad, solo pueden resolverse a través de pactos nacionales transversales y de leyes estables, asumidas lealmente por la mayoría de los españoles. Otros muchos se quedan en el tintero, porque es tema que requeriría más de un libro y por supuesto bastante más que un artículo.

1º) La emigración. Algo que exige ausencia de demagogia, mucho realismo y solidaridad con el medio europeo, partiendo de que la incorporación de emigrantes a la sociedad española es imprescindible moralmente, pero también económica y demográficamente , pero que debe hacerse de forma ordenada y no a lo que salga, sin hoja de ruta y sin control.

Y, en paralelo a esa negociación debe hacerse la que tenga como objetivo principal solventar de una vez por todas, y con solvencia, el problema de la vivienda, que en el momento actual es indisociable del de la inmigración.

Para todo ello es imprescindible que con independencia del color de sus gobiernos , ayuntamientos, comunidades autónomas y estado jueguen en el mismo terreno y en la misma dirección. Y eso demanda un acuerdo nacional y leyes con fuerza de obligar amen de recursos económicos distribuidos racional y equitativamente.

2º) Los incendios forestales . No es tolerable que cada año España se convierta en un quemadero horroroso. -Se requieren ya medidas importantísimas y costosas de prevención que impidan el incendio, o que consigan que iniciado pueda ser intervenido y apagado con rapidez, puesto que, ahora, incendios como los que están en marcha únicamente terminan cuando termina la masa combustible. Esas medidas y las normas que las instrumenten tienen que ser pactadas necesariamente por comunidades autónomas y estado, con independencia de quien los gobierne, sin demagogia, sin ventajismos partidarios y también mediante un acuerdo nacional.

3º) Lucha contra el poder de los narcotraficantes. Hay que afrontar en España de manera clara y enérgica una política criminal nueva, seria y eficaz. En este tiempo, en toda la zona costera del Levante y del Sur de España se está produciendo un serio quebranto de los instrumentos principales que garantizan la libertad y la seguridad.

Es público y notorio, y de ello tiene consciencia el Consejo General del Poder Judicial, que muchos jueces de esa zona o sus familias están siendo amenazados por los narcos, y que, por tanto, en defecto de apoyo efectivo, están pidiendo traslado masivo de esas zonas. Y lo mismo ocurre con miembros de las fuerzas de seguridad del Estado, cuyos domicilios conocen los narcos. Son amenazados ellos o sus familias, tratando de crear una zona de impunidad, una especie de parcela de narcoestado. Algo especialmente grave. Sobre lo que no valen excusas ni dilaciones.

Hasta tal punto es verdad esto que se ha pensado incluso en abocar los delitos de narcotráfico a la Audiencia Nacional para evitar que los jueces de la zona se vean intimidados, pero eso sería un parche temporal que no puede ser la solución del problema. Este asunto exige un urgentísimo pacto nacional y unas modificaciones normativas de enorme entidad que, justamente por ello, tienen que hacerse necesariamente entre el PSOE y el PP.

4º) Reordenación el sistema autonómico . El título VIII de la Constitución requiere retoques importantes para que no se genere, como ahora se arriesga, un régimen de taifas descontrolado, sino un sistema autonómico armónico, descentralizado evidentemente, pero también ordenado y solidario, en el que rija, con instrumentos serios y sólidos ad hoc , la cooperación entre el Estado y las comunidades autónomas, entre otros muchos, en ámbitos tan relevantes como la sanidad o la educación, y que la transparencia y unidad de los mercados sea efectiva, operativa y no Ilusoria. Y todo esto igualmente solo puede ser resultado de un pacto entre el PSOE y el PP,

5º) Restaurar la credibilidad y respetabilidad de la política y de los sistema de recluta de los políticos. Para ello es obligado y urgente afrontar una reforma a fondo del sistema electoral que habilite la gobernación del Estado, vincule a los ciudadanos con sus representantes elegidos y ponga coto a la mala selección de muchos de esos representantes, que solo ofrecen obediencia a la búlgara a sus mandos.

Hay muchas fórmulas para ello y muchos ejemplos, entre ellos el de establecer listas abiertas a gusto de los votantes, pero en definitiva, es algo que resulta obligado hacer si se quiere que los españoles vuelvan a confiar plenamente en nuestra democracia. Y eso es algo que solamente se puede realizar mediante un pacto como los señalados .

6º) Ordenar el actual caos en la intervención económica de las administraciones públicas en las empresas privadas o ficticiamente privadas, en favor de una libre competencia, evitando la generalización de situaciones de ventajismo como algunas que se han visto recientemente adquiriendo una Comunidad Autónoma participaciones en empresas que compiten en el mercado, y cuyas pérdidas sufraga la hacienda autonómica ( ese caso, la vasca), que a su vez a su vez succiona de la española.

Son muchas más las cuestiones que exigen pactos serios y honrados, con lealtad mutua , entre PP y PSOE a partir de lo que puede resultar de las elecciones 2027, cuando el partido socialista podrá no ganar, pero si tener fuerza suficiente para acudir a un sistema de pactos con garantía de ser respetado, oído y aceptado en sus propuestas, evitando, además, que el PP sea rehén obligado de la extrema derecha.

Estoy convencido de que un sistema de pactos adecuados que beneficien claramente a los ciudadanos es la base para el reordenación de una democracia solvente que podría afrontar con éxito los problemas que depare el futuro del país. Sin embargo, eso no tiene ninguna posibilidad de hacerse mediante un populismo exacerbador de diferencias, de crispaciones y de enemistades entre los españoles, que seguramente no solo llevaría a la ruina al país, también a quienes protagonicen esa estéril política. Tampoco pueden hacer esos pactos formaciones como Bildu, Podemos, ni las variedades locales o nacionales del comunismo. Menos aun los independentistas de cualquier color.

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