Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

El Estado somos todos, ¿o no?

Nuestra política hacia el norte de África exige un complejo juego de equilibrios. Hoy, simplificando mucho, viene condicionada por dos flujos: el del gas que nos llega de Argelia, un tercio del suministro, que hay que mantener, y el de la presión migratoria desde Marruecos, donde se junta la que llega de África, que hay que contener. Dos socios nuestros pero cualquier día dos enemigos. Que lo sean a muerte entre ellos no es una desdicha, pues si fuesen amigos sería mucho peor. Una política tan sutil pide un mínimo consenso interior, pero desde hace mucho (sobre todo, desde los atentados del 15-M de 2004 y sus efectos interiores) no parece posible. Es verdad que Sánchez ha ido por libre en asuntos de gran calado (remate de la entrega del Sáhara a Marruecos), pero no lo es menos que el oportunismo antisanchista del PP en política exterior no le ha ido a la zaga en falta de sentido de Estado.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents