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Marruecos, ahora, qué

No es preciso recordar la crisis del Tarajal en 2021, sino que el Gobierno español modificó su postura sobre el Sáhara y reconoció oficialmente la propuesta marroquí de que fuera una región autónoma de Marruecos, por ser la propuesta "más seria, creíble y realista", según el presidente Pedro Sánchez en la carta que envió diez meses después a Mohamed VI. Marruecos, entonces –o sea, el 17 de mayo de 2021–, tuvo una excusa para abrir sus pasos fronterizos en Castillejos y que 10.000 inmigrantes llegaran a Ceuta: un mes antes, el 17 de abril, Brahim Ghali, el líder saharaui y secretario general del Frente Polisario, había ingresado en un hospital de Logroño.

Y también la ha tenido ahora para dejar que 50.000 personas entren en Ceuta nadando, sin valla que saltar ni fuerzas del orden marroquíes que quisieran evitarlo: el viaje a Argel del presidente Sánchez el pasado 20 de junio –diez días antes de esta crisis– con el propósito de que el presidente argelino Abdelmadjid Tebboune consolide a Argelia como primer proveedor de gas natural de España, puede que a cambio de otorgar la ciudadanía española a 70.000 saharauis o, por decirlo como Fernando Santiago Muñoz, "algún otro motivo que solo Pegasus sabe". Y es que, precisamente por su alineamiento con Marruecos respecto a la autonomía del Sáhara, España rompió relaciones con Argelia o, más exacto, Argelia rompió relaciones con España.

En todo caso, el uso de la inmigración es el método con que Marruecos presiona para lograr beneficios políticos y contrapartidas diplomáticas. De ahí lo extraño de que el Gobierno español haya elogiado la "ejemplar colaboración" del Gobierno marroquí y haya culpado a "las mafias que trafican con seres humanos", las cuales habrían hecho circular entre la población marroquí la sentencia del Tribunal Supremo español que veta el rechazo inmediato de los inmigrantes interceptados en el mar. Son declaraciones que ni se piensan ni se esperan, inopinadas. Primero, porque Marruecos nunca ha dejado de reclamar para sí las ciudades autónomas españolas de Ceuta y Melilla, sobre las que ha demostrado siempre su facilidad para desestabilizarlas. Y, segundo, porque ninguno de los marroquíes a los que ha preguntado sobre el terreno el periodista Nico Castellano, de la Cadena SER, sabía nada de las mafias ni de la sentencia.

Bastará una pregunta. ¿Dónde está con Marruecos la firmeza que el Gobierno español muestra con Israel o con Estados Unidos?

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