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En Ceuta, el mar continúa devolviendo cadáveres y los ceutíes no dejan de sentirse abandonados. Los equipos de rescate siguen peinando la costa, la crisis permanece lejos de estar controlada. Mientras tanto, el presidente del Gobierno ha inaugurado sus vacaciones que piensa alargar durante un mes. No es tanto una cuestión de calendario como de sensibilidad. La prensa europea observa con una mezcla de estupor y desconcierto una escena difícil de explicar: España afronta uno de los episodios migratorios más graves de los últimos años y el jefe del Ejecutivo transmite la imagen de quien ya ha cambiado el despacho por la tumbona. La política -no sé si alguien a estas alturas es consciente de ello- también consiste en administrar los símbolos.

Pero el detalle más desconcertante ha sido que, en medio de esa atmósfera de duelo, Pedro Sánchez decidió compartir en Instagram la lista de canciones que recomienda para el verano. Hay quien dirá que un dirigente también tiene derecho al descanso y a ejercer de influencer. Naturalmente. Lo que no resulta tan natural es convertir ese descanso en una campaña de autopromoción mientras el mar sigue tiñendo de luto la arena y una población vive angustiada.

El sentido de la inoportunidad espanta a cualquiera con dos dedos de frente. La empatía no consiste únicamente en acudir a una zona de desastre. También exige comprender cuándo el silencio vale más que una publicación y un vídeo sonriente puede convertirse en una metáfora involuntaria del alejamiento entre el poder y la realidad. Gobernar obliga a interpretar el momento. Si hubiera que hacerlo desde la perspectiva del gobernado lo primero, quizá lo mínimo, sería sugerirle al presidente del Gobierno que se meta su banda sonora estival por retambufa o por dónde le quepa. ¿No les parece?

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