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Drácula contra Frankenstein

En mis antiguos terrores nocturnos el personaje más temido siempre ha sido Drácula, tan distinguido en las formas hasta que hincaba el colmillo, mientras la criatura del doctor Frankenstein me inspiraba simple miedo a ratos, con su andar vacilante, y a ratos ternura. A fin de cuentas el origen del monstruo estaba en una cirugía descontrolada, o sea, una perversión de la racionalidad científica, no como Drácula en una insaciable y contagiosa ansia de sangre y una oscura relación con la ultratumba. Digamos que Frankenstein tenía que ver con la excesiva luz del futuro y el consiguiente desquiciamiento, mientras el conde Drácula venía de un pasado nobiliario y ominoso, emparentado con el mito de los muertos vivientes. Resulta desolador imaginar que estas puedan ser enseñas míticas del futuro que nos espera, a un lado y a otro del espectro político, que encima lleva ese nombre: espectro.

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