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Ayuso se enreda

Con el ático de Chamberí, Isabel Díaz Ayuso vuelve a encontrarse en uno de esos episodios en los que su mejor enemigo termina siendo ella misma. La presidenta de la Comunidad de Madrid –ya ocurrió con la fiscalidad de su pareja–◘tiene una especial habilidad para meterse en estos jardines. No porque necesariamente haya algo irregular detrás del inmueble, sino porque su manera de afrontar determinadas controversias, entre la suficiencia y el populismo, termina ofreciendo munición a quienes llevan tiempo esperando con el fusil apoyado en la ventana. La izquierda no necesita demasiado para ponerse al acecho de Ayuso. Cualquier sombra le sirve de diana. Tampoco parece prudente regalarle las balas.

Ahora el famoso ático va a salir al mercado. La cuestión es bastante más sencilla que todas las explicaciones políticas que se han acumulado alrededor de este asunto: si la Comunidad de Madrid adquirió el inmueble por necesidades vinculadas a su uso, ¿por qué se dispone de él poco después para proceder a su venta? Y, sobre todo, ¿qué sentido tiene que una Administración pública compre una propiedad inmobiliaria para acabar vendiéndola posteriormente a un particular?

Las administraciones no deberían comportarse como fondos de inversión. Su obligación es administrar dinero público, no entrar y salir del mercado inmobiliario dependiendo de las circunstancias, las oportunidades o las necesidades coyunturales. Si hubo una razón objetiva para comprar el ático, habrá que explicar por qué esa razón ha dejado enseguida de existir. Y si nunca existió con la contundencia que se dijo, también convendría contarlo para confirmar que esta historia tiene justamente el poco recorrido que se merece.

Díaz Ayuso suele sobrevivir políticamente a sus enemigos, embargados por la actualidad delictiva, porque sabe convertir sus ataques en combustible. Pero hay ocasiones en que la mejor defensa no consiste en acusar al adversario de perseguirla, sino en enseñar los papeles y aclarar las cosas.

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