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Ceuta trae cola

El "ataque" a la soberanía y la actitud del Gobierno

Ceuta sigue siendo el centro de la atención pública en España. Los medios se han instalado allí para informar sobre el terreno de lo que ocurre. Las noticias no son buenas. El número de muertos ha aumentado y aún no es posible predecir con total certeza cuándo podrá ofrecerse un balance final. Miles de personas, nadie es capaz de hacer una estimación precisa, vagan por la ciudad en busca de comida y un destino. Más de un millar de menores serán repartidos por distintas regiones, está por ver cuántos y cuáles, donde les aguarda la solidaridad de los españoles y un futuro muy incierto. Se ha dado la voz de alarma sobre la situación de las mujeres jóvenes, expuestas al peligro de ser agredidas y de caer en manos de organizaciones criminales. Se producen escenas de tensión y en algunos barrios los vecinos han decidido formar cuadrillas de vigilancia. La vida de la población se ha visto súbitamente sobresaltada y los ceutíes no desaprovechan la mínima oportunidad que se les brinda para denunciar ante las cámaras la desprotección y el abandono que sufren, mitigados solo por la ayuda de los voluntarios y la presencia, algo más visible, de la policía.

En las horas más críticas de lo que él mismo definió como un ataque, el presidente del Gobierno declaró que los españoles y el Estado estaban con Ceuta. Pero los propios ceutíes y el presidente de la Ciudad Autónoma tienen una sensación bien distinta, que se ha extendido por todo el país. La respuesta de las instituciones españolas se ha quedado corta en voluntad política y recursos empleados. El Estado ha sido desbordado en su frontera sur y la reacción del Gobierno ha sido demasiado pacata, más deferente y menos enérgica con Marruecos que la del mismísimo jefe del Estado, que por la función constitucional que tiene asignada debe poner sumo cuidado en todo lo que dice y hace. Seguro que la imagen de Pedro Sánchez disfrutando de sus vacaciones no es la más deseada por los ceutíes. Tras su encuentro con el Rey en Mallorca, el presidente Vivas manifestó que Ceuta necesitaba sentir la solidaridad de los españoles para levantar el ánimo y anunció que Felipe VI iría a la Ciudad, pero esa visita no cuenta por el momento con el debido refrendo del Gobierno.

De mayor y especial relevancia en la política interna es la cuestión que gira alrededor: si el Ejecutivo tuvo conocimiento previo de la avalancha. Mientras la oposición, la prensa de derechas y algunos expertos lo afirman sin dudar, portavoces del Gobierno lo niegan rotundamente. En cualquier caso, el asunto requiere una explicación. Si el Gobierno supo lo que se preparaba, su actuación en los días críticos resultaría incomprensible y merecería un duro reproche. Si no fue advertido, estamos obligados a revisar la labor de los servicios de inteligencia, de la que tanto presumimos. La comparecencia de la directora del CNI en el Congreso podría aclarar los hechos. Por sus múltiples implicaciones y por lo que afecta a la responsabilidad del Gobierno, el asunto es de extrema gravedad. Y la inquietud que provoca no ha sido disipada, cuando corre el rumor de que se espera otra llegada masiva en los próximos días.

En la crisis de Ceuta se han dado cita la inmigración, la partida mundial de geopolítica, la soberanía nacional y la unidad del Estado, la Unión Europea, en fin, los temas que agitan la política actual. Todos ellos están condensados en el encontronazo que acaban de protagonizar en el centro del escenario europeo el gobierno español y el italiano. Una portada de periódico certifica una fractura histórica en la UE. La defensa chovinista del ego patrio es una actitud adoptada a conveniencia por los populistas, ya procedan de la derecha o de la izquierda. Pedro Sánchez ha aplicado a Meloni el muy español "ojo por ojo, diente por diente", previo ultimátum, pero a la hora de señalar al responsable de la grave crisis creada en Ceuta se mostró confuso y luego prefirió hacer mutis por el foro. A finales de mes, cuatro ministros desfilarán por el Congreso para rendir cuentas ante los grupos parlamentarios de las decisiones adoptadas por sus respectivos departamentos. Pero, vista la dimensión que ha tomado la arribada a Ceuta, el temor que existe a que sea un paso más en la ofensiva de Marruecos por integrar las dos ciudades en su soberanía y la angustia de los ceutíes, ¿no debería haber comparecido ya el presidente del Gobierno?

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