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Todos los ojos puestos en el eclipse

Si uno se asoma a Google Trends, ese oráculo contemporáneo que mide lo que nos obsesiona a todos –porque ya somos todos usuarios–, puede trazar un mapa bastante preciso: en España estamos volcados con el eclipse. Dónde verlo, cómo verlo y, sobre todo, cómo no salir mal parados. Las gafas homologadas que han colonizado escaparates y banners vienen con instrucciones casi litúrgicas. Y no es exageración. Basta revisar el archivo del último eclipse total en Estados Unidos para encontrarse con una avalancha inquietante de búsquedas bajo el epígrafe "Me duelen los ojos". Las retinas, en este espectáculo radicalmente visual, son el bien a preservar.

Pero no se trata solo de mirar. Los expertos anticipan un descenso súbito de la temperatura y ese instante extraño en que los pájaros enmudecen. Fascinante, ¿no? Hay abundante literatura científica y periodística sobre fenómenos similares que ya hemos atravesado como sociedad y nos dan idea de lo que se nos viene encima. Por eso, este 12 de agosto se parece menos a una cita astronómica que a un simulacro de Protección Civil. Desde la movilidad extrema –se calcula el desplazamiento de 1,5 millones de personas solo por carretera– que ha puesto en alerta a hospitales y servicios de emergencia, hasta la robustez de la infraestructura energética.

Porque incluso el sol, al esconderse, tiene consecuencias logísticas. La caída abrupta de la producción solar figura ya en los planes de contingencia de la red eléctrica, mientras las operadoras de telefonía se preparan para un estrés inédito: el del streaming simultáneo de un país entero mirando al cielo. Un evento que condensa cuatro excepcionalidades en una sola escena: el pulso colectivo de un Fin de Año con su minuto exacto, una operación salida comprimida en horas, la marea humana de un gran concierto o un partido con horarios rígidos, y la imprudencia festiva de una noche de San Juan, con su balance habitual de heridos.

Un reto total para el que faltaran ojos un mes de agosto que hace tiempo dejó de ser sinónimo de rutina y previsibilidad.

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