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El "Bella Ciao" de Meloni y Sánchez

El disparate hispano-italiano con el pasaporte

Estimado turista italiano que arriba con billete de ida y vuelta al aeropuerto de Barajas, ármese de paciencia y desempolve el pasaporte: las autoridades españolas le examinarán con el celo de un espía de la Stasi en Berlín Este. Ahora bien, si decide entrar en España saltando la valla de Ceuta o en patera tras la travesía del estrecho, no se preocupe por el papeleo; la burocracia comunitaria jamás cometería la imprudencia de exigirle documentación a pie de playa.

A raíz de la última crisis fronteriza en el norte de África, España e Italia —hermanos del sur que comparten en mayor medida el sufrimiento por la inmigración irregular— han decidido que la forma más sensata de gestionar el problema no es ponerse de acuerdo y entenderse, sino declararse una guerra de aduana sin aranceles. Meloni y Sánchez cantándose al oído el “Bella Ciao”.

El espectáculo roza el absurdo esperpéntico, para asombro de esta Europa desnortada. Mientras Bruselas mira hacia otro lado, los dos países que mejor conocen la presión migratoria dedican sus recursos policiales a sellar las credenciales de los ciudadanos comunitarios que aterrizan de un vuelo de Ryanair.

La nueva geopolítica del Mediterráneo se ha vuelto así de hilarante: el turista regular que paga sus impuestos y reserva hotel se ve obligado a pasar por el filtro fronterizo de la guerra fría; el que se cuela violentando el espigón se ahorra, sin embargo, el trámite documental. Un sainete diplomático donde el sentido común ha perdido el visado en la maleta del desatino.

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