Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Vacaciones largas o pausas frecuentes

Cada verano aparece la misma pregunta: ¿es mejor disfrutar de unas vacaciones largas o repartir varios descansos a lo largo del año? No existe una respuesta válida para todos, pero la ciencia nos deja una pista interesante: no descansamos simplemente porque dejamos de trabajar; descansamos cuando conseguimos desconectar de verdad. Algunos estudios sobre vacaciones y bienestar han observado que nuestra percepción de salud mejora durante los primeros días de descanso y alcanza su punto máximo aproximadamente alrededor del octavo día. Sin embargo, tras regresar al trabajo, buena parte de ese beneficio desaparece con relativa rapidez.

Hay personas que llegan a julio o agosto agotadas, esperando que quince días de vacaciones compensen once meses de prisas, horarios y preocupaciones. Y los primeros días muchas veces ni siquiera son de verdadero descanso: cuesta bajar revoluciones. El cuerpo está de vacaciones, pero la cabeza sigue trabajando.

Después llega la vuelta: correos, turnos, despertadores, cuidados familiares, facturas, calor... y aquella sensación de haber respirado empieza a diluirse. Quizá, por tanto, deberíamos cambiar la pregunta. No se trata únicamente de decidir entre vacaciones largas o cortas, sino de aprender a repartir mejor el descanso a lo largo del año. Igual que nadie recomendaría hacer todo el ejercicio anual durante agosto, tampoco parece razonable concentrar toda nuestra recuperación física y emocional en unas pocas semanas. Además, conviene recordar algo evidente: no todo el mundo puede marcharse de vacaciones. Muchas familias no pueden permitirse una semana fuera de casa. Y descansar no debería convertirse en otro motivo de desigualdad. Porque descansar no significa necesariamente viajar lejos ni gastar dinero. Puede ser dormir sin despertador, caminar al atardecer, bañarse en una garganta, leer sin mirar el reloj, compartir una sobremesa, dejar el móvil unas horas o sentarse a hablar con quienes queremos sin tener que estar pendientes de la hora.

También puede ser volver a lo más sencillo. Hace unos días pude disfrutar con mi mujer y mis hijos de esas pequeñas cosas que tantas veces las prisas nos impiden saborear: celebrar sus cumpleaños, sentarnos a comer y hablar sin mirar el reloj, alargar una sobremesa sin horarios, sin prisas y casi sin fin. Y recordar que, muchas veces, descansar de verdad no consiste en irse lejos, sino en tener tiempo para estar con quienes queremos.

En una sociedad permanentemente conectada, quizá uno de los mayores retos sea precisamente aprender a desconectarnos. Yo también lo necesito: mirar menos el móvil, el ordenador y las notificaciones, y mirar más a quienes tengo delante. Las vacaciones largas tienen valor, pero las pequeñas pausas repartidas durante el año también pueden ser auténticas dosis de recuperación. Porque quizá descansar mejor consista, sobre todo, en no esperar a estar agotados para permitirnos parar.

Al final, la verdadera medida de unas buenas vacaciones no está en los kilómetros recorridos ni en los días que hemos estado fuera. Está en cuánto hemos conseguido apagar el ruido, recuperar a los nuestros y, de alguna manera, volver también a nosotros mismos.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents