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Por qué no vi el eclipse

Diez razones por los que no sumarse a la filfa astronómica

Concluida la histeria colectiva que echó a media España al monte, enumero las diez razones que a unos cuantos nos llevaron a huir del truco de saldo consistente en mirar cómo una piedra tapa una bombilla:

  1. Atrocidad estética: Esas gafas de cartón al estilo de Miliki convierten cualquier outfit en pantomima. El eclipse no sé, pero el ridículo fue total.
  2. El ego del sol: El astro rey lleva una eternidad acaparando protagonismo. Aplaudirle porque se esconda dos minutos solo alimenta su estelar narcisismo.
  3. Caos en los árboles: Decidí no contribuir al jet lag ornitológico por el antojo de dos astros que se oscurecen a plena luz del día.
  4. Filósofos de terraza: Encuentro detestable la reflexión metafísica del cuñado que, creyéndose Heidegger, pontifica sobre “lo insignificantes que somos en el cosmos”.
  5. Sin efectos especiales: Tras la “Odisea” de Nolan en pantalla gigante, una mancha negra sin banda sonora resulta una sosería insoportable.
  6. La trampa de lo irrepetible: Me niego a entusiasmarme con la rareza. También es raro encontrar un taxi libre en Oviedo cuando llueve y no se organizan quedadas para celebrarlo.
  7. Gatillazo térmico: La temperatura bajó tres grados, sopló una ligera brisa y el rebaño con gafas celebró haber sobrevivido a una glaciación estival.
  8. Huelga astronómica: Miles de empleados dejan de producir para mirar al cielo. La Luna acaba de inventar la huelga general sin sindicatos.
  9. Lo que haga el perro: Si al animal más listo de la casa ignora el eclipse y sestea, conviene respetar su criterio de autoridad.
  10. Incendio en WhatsApp: Prepárate para tres días de fotos borrosas de una lenteja pegada a un fondo negro.

Por todo ello, el miércoles bajé la persiana y dejé que el sistema solar resolviera sus crisis espaciales sin pedirme audiencia.

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