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Aceites marinos, mitos y realidades

Comer pescado, si es graso mejor, dos o tres veces a la semana es recomendable; los suplementos con efectos terapéuticos no está claro

Siempre me sorprende el entusiasmo de los comerciales. Tienen muchas cualidades. Por ejemplo, saben qué grado y tipo de empatía deben emplear con cada potencial cliente. Una sabiduría que no creo que se aprenda en los mejores máster. Es algo intuitivo, un poso de la experiencia. Probablemente fundada en una predisposición. Pero lo que más me llama la atención es cómo defiende su producto, la fe que tienen en él, casi siempre bien argumentada con pruebas que manejan con habilidad. Me convencía de esto un comercializador de ácidos grasos insaturados de cadena larga, los llamados omega 3. Defiende sus productos porque son muy puros, por (en sus palabras) ser muy honrados en la composición y haber logrado que su producto lo aprobara la agencia del medicamento americana para formar parte de un fármaco. Aunque la mayor parte de la producción se vende como complemento nutricional.

Varias veces he comentado aquí el riesgo de los complementos nutricionales. El problema es que no están sujetos a la misma legislación que los medicamentos. Cuando uno compra un fármaco, aunque sea un genérico, tiene la certeza de que contiene lo que dice, con un margen de error tolerable. No es así con los suplementos. Por ahora, dependemos de la honradez del fabricante, lo mismo que tenemos que confiar en él cuando dice la composición de una lata de conservas o de una barra de pan. Deben cumplirlo, pero la vigilancia es laxa. Y la realidad es inquietante. Porque la mayoría de los estudios que examinan qué hay en los suplementos dietéticos encuentran que raramente cumplen con las dosis que anuncian y no pocas veces hay otras sustancias, a veces tóxicas, otras con efectos distintos. Por ejemplo, pueden añadir anabolizantes a los suplementos nutricionales que se venden para conseguir un cuerpo bien musculado. Como el resultado es el apetecido, el suplemento vende más.

Hay muchos mitos alrededor de las sustancias con efectos terapéuticos o de mejora de la salud. Hace años estuvo de moda el Ginkgo biloba, tenía un aroma ancestral, el perfume de lo exótico, oriental, milenario. En los últimos años gana el aloe vera, remedio casi universal. El gel, que es principalmente agua, contiene decenas de vitaminas, enzimas y aminoácidos. Es moderadamente eficaz en la resolución de quemaduras, no conozco otros efectos terapéuticos probados. El problema es que cuando uno los compra no sabe lo que hay dentro. Diferentes estudios demostraron que en algunos casos no hay rastro de esta sustancia, en otros encontraron contaminación con benzeno, un cancerígeno, o excrementos. Cierto que los hay que cumplen.

Volviendo a los suplementos de omega 3. Se sabe que las personas que comen muchos aceites marinos, como es el caso de los esquimales, tienen una mortalidad coronaria muy baja. Se atribuye a esos ácidos grasos que en el laboratorio tiene propiedades antiinflamatorias y reducen la actividad de las plaquetas, las células de la sangre que acuden a tapar las arterias cuando están en peligro de rotura. Lo hacen, por ejemplo, en los infartos. El primer evento es la rotura de una placa de ateroma que suelta un trozo al torrente sanguíneo: un trombo . Circula hasta que se encalla, entonces las plaquetas, advertidas del conflicto que se interpreta como daño a la arteria, vienen a cubrirlo: se cierra el vaso. Por eso ante un infarto lo más eficaz en el primer momento es la aspirina porque es un antiagregante plaquetario. Pero no olvide que la rápida activación del código corazón ha salvado muchas vidas.

¿Pueden los suplementos de omega 3 hacer esa labor con menos riesgo de sangrado intestinal, el gran problema de la aspirina? No conozco estudios que lo hayan evaluado. Si se ha estudiado la eficacia en prevenir problemas cardiovasculares. Cuando es puro y se conoce la dosis, mediante ensayos clínicos bien realizados se demuestra que tiene efectos positivos en el aparato circulatorio. Su principal acción es moderar el nivel de triglicéridos con una dosis de 2-4 gramos día de un producto farmacéutico, no suplemento dietético. Más interesante es la capacidad de una formulación específica, EPA puro (icosapento de etilo). Cuatro gramos al día reducen el riesgo cardiovascular (de infarto, ictus, revascularización) en un 25% en personas con triglicéridos altos, que toman estatinas y tienen otros factores de riesgo que afectan al aparto circulatorio. En España el Sistema Nacional de Salud lo provee siempre que se cumplan las estrictas condiciones: control incompleto a pesar de los esfuerzos de la alteración lipídica (LDL-C >40 y >100, triglicéridos >150), enfermedad arteriosclerótica establecida y riesgo cardiovascular alto. Esta restricción obliga a obtener un visado, es decir, el especialista los propone y la inspección lo aprueba en el caso de que cumpla los requisitos.

Finalmente, con todas las reservas, en una cohorte de cerca de medio millón de británicos sanos al principio del seguimiento, los que consumían habitualmente suplementos de omega 3 (¡el 31%!) tuvieron un 13% menos mortalidad general y 18% cardiovascular. El efecto es mayor en fumadores y diabéticos. Pero en la misma cohorte, el riego de fibrilación auricular se incrementaba el 13% y de ictus el 5%.

En resumen, comer pescado, si es graso mejor, 2 o 3 veces a la semana es recomendable; suplementos... no está claro.

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