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La jerarquía

Cuesta trabajo discernir entre lo más indigesto de una legislatura, como es esta, incomestible. La indigestión comienza, yo creo, con la propia asunción del Gobierno a cambio de impunidad: la amnistía a los golpistas catalanes y la sociedad política montada con los herederos de ETA. Prosigue con numerosas calamidades hasta desembocar en la invasión de la frontera Sur. Pero son tantos los episodios –corrupción económica y política, acoso a las instituciones, conspiración partidista para obstruir las investigaciones en curso– que ya no me atrevo a enumerarlos para no perderme en el camino.

El "entramado delictivo" que acaba de plantear el juez Zamarriego en el que habrían participado políticos, militantes socialistas, abogados y empresarios es un nuevo punto de inflexión. El magistrado ha escrito que Leire Díez y otros investigados podrían ocupar un lugar secundario y que habría personas "con mayor nivel de jerarquía" dentro de esa estructura. La causa pasa a la Audiencia Nacional, pero la palabra importante –"jerarquía"– ha quedado registrada. Hasta ahora, la explicación política consistía en presentar a Leire como un verso suelto, una militante extravagante que se había tomado demasiadas confianzas. El problema es que los versos sueltos no suelen necesitar facturas, reuniones en Ferraz, ni estructura financiera para cobrar sus servicios. La investigación de Santiago Pedraz ya había señalado pagos canalizados a través de sociedades y consultores, además de la presunta utilización de recursos del PSOE.

La pregunta empieza a ser menos quién era Leire Díez que quién la mandaba. En política la figura que hace el recado rara vez es la que decide el encargo. Y si el instructor sospecha que por encima de ella había personas de mayor rango, la historia deja de ser la de una "fontanera" que se pasó de rosca para convertirse en algo más incómodo: la posible existencia de una cadena de mando. Y eso obliga a mirar hacia arriba.

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