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El chollo del verano asturiano

Venir a ver llover, la moda mesetaria de este mediados de agosto

Mientras media España se derrite a fuego lento frente al ventilador y en el sur se fríen huevos sobre el capó del coche, en Asturias se ha consolidado el concepto definitivo del turismo moderno: el «refugio climático» a prueba de bombas caloríficas. O lo que los autóctonos llevan siglos denominando «el verano de toda la vida».

El verdadero lujo en pleno agosto no es un yate en Ibiza, sino pasear al atardecer por el litoral asturiano en manga larga. Las hordas de turistas llegan a la tierrina con la maleta llena de bañadores y crema factor 50, solo para descubrir que el paraíso natural trae de serie su propio sistema de aire acondicionado: el orbayu. Esa fina lluvia mágica que no moja, pero te cala los huesos y te empuja felizmente a comprar un forro polar en el mercadillo de Ribadesella. Y oye, los foriatos ¡quedan encantados!

Es maravilloso contemplar a visitantes del sur y mesetarios paseando por San Lorenzo, esquivando charcos con sus chanclas, sonriendo con los labios ligeramente morados por la brisa del Cantábrico. «¡Qué gustazo, aquí se puede dormir fresquito!», exclaman, tiritando mientras sujetan un vaso de sidra para no perder la motricidad.

Asturias ha logrado el milagro turístico: que acudir a la playa y no ver el sol se convierta en un privilegio VIP. Porque seamos sinceros, ¿quién quiere sudar a 42 grados al borde de una ensalada cuando puedes zampar un pote de berzas sin riesgo de combustión espontánea?

Larga vida al verano asturiano. Eso sí, no lo difundan mucho, a ver si el año que viene no vamos a caber todos debajo del paraguas.

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