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Ceuta y el Ministerio de Educación

La saturación informativa oculta la urgencia de la crisis migratoria ceutí

La conjunción de noticias socioeconómicas y políticas en los últimos días ha hecho que algunas de ellas se nos hayan olvidado o nos pasasen casi inadvertidas. Los sucesos de Ceuta, los grandes incendios, la tremenda sequía que afecta a toda Europa, el segundo terremoto, el de Colombia, en el norte del continente suramericano, la guerra de Ucrania, la guerra sobre el estrecho de Ormuz, la persecución de palestinos en Cisjordania y Gaza, los silenciados intentos de suicidio de los marinos norteamericanos y un largo etcétera conforman las noticias de muchos medios de comunicación en las últimas semanas.

Algunas parecen pasar inadvertidas. Por ejemplo, el problema real de los menores que permanecen en Ceuta. El Ministerio de Educación, que gestiona la enseñanza en Ceuta y Melilla, cuyos entes autonómicos no han asumido competencias en Educación están soportando que los jóvenes que entraron en Ceuta y no se fueron a las pocas horas se han refugiado en los colegios, donde duermen y usan a diario sin ninguna medida de mantenimiento. El Ayuntamiento ceutí teme que la situación se prolongue y comience el curso escolar con ellos dentro.

En otros ministerios como Interior, Asuntos Exteriores, Juventud e Infancia, Sanidad, Trabajo… se muestran preocupados por el problema, pero en el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, de Milagros Tolón, estiman que la solución es más urgente ante la llegada del curso escolar 2026-27, que ya está preparando instalaciones y demás. Tanto José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, como Fernando Grande-Marlaska, de Interior, llevan tiempo haciendo gestiones con Marruecos y la presidencia de la Unión Europea para encontrar una solución al problema. Su urgencia es política y lo prueba que los partidos de oposición, la derecha, reclama la prioridad nacional y pide, como su cantinela sempiterna, la dimisión de Pedro Sánchez. Del asalto a los centros escolares no hablan. Solamente el presidente del ente autónomo ha reclamado esta situación sobre los colegios.

Mientras tanto el Ministerio de Sanidad, que ha sido mencionado por Vox, dice haber atendido a más de cinco mil migrantes en quince días. Y el Partido Popular alienta el miedo a los extranjeros. La crisis humanitaria parece preocuparles poco y antes de la defensa de la posición del Gobierno español parecen defender los caprichos del rey de Marruecos. Al tiempo que muchos de los llegados del país vecino señalan que no soportan la situación interior marroquí, su falta de democracia, el abandono en el que se encuentran y resaltan los bulos que difunde la oposición española sobre su estado social y político. La decisión marroquí sobre los enviados informativos de la Agencia Efe y Radiotelevisión Española les da la razón, no hay libertades.

Entre tanto, mientras los recién llegados campan por las calles y colegios ceutíes y el ministerio de Educación español trata de solucionar el problema, Vox y Partido Popular -con la excepción inicial del presidente ceutí que es quien afronta directamente el problema- se han adherido a las tesis de la extrema derecha norteamericano e israelí sobre la españolidad de ambas ciudades autónomas, Ceuta y Melilla. Les da lo mismo el problema social y humanitario que se presenta. No les importa lo que piensen ceutíes y melillenses, ni lo que es políticamente aplicable. El argumento geográfico, que no aplican en sus naciones, les viene bien en las ciudades autónomas españolas. Tampoco se plantean la conveniencia marroquí, que oculta que le viene muy bien que ambas poblaciones sean política y económicamente europeas. Rabat no menciona que las líneas fronterizas son siempre políticas y no geográficas. El Gobierno de Rabat utiliza la tensión con cualquier Ejecutivo español para hacer olvidar su política interior, satisfacer su necesidad económica y aprovechar los caprichos de Donald Trump y Benjamín Netanyahu para dar rienda a la tensión generada en su población, sobre todo en los jóvenes que reciben imágenes y noticias del mundo libre.

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