Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

La nota media

Quienes vivimos en una constante montaña rusa emocional atravesamos periodos complicados. Durante uno de mis bajones pensé que lo mejor era acabar el viaje. Estimo que cuando alguien desea acabar, con todas sus fuerzas, la mente es tan poderosa que termina saliéndose con la suya. Para autoconvencerme esgrimí un argumento muy convincente. Con la mano en el corazón, y mirando hacia atrás sin ira, califiqué el conjunto de mi vida con un Notable. En mi caso no evaluaba a ojo. Conservo una agenda en la que puedo repasar a qué dediqué cada uno de mis días durante las últimas cinco décadas, y la verdad es que apenas encontré distancia entre mis sueños y lo que acabó sucediendo.

Pero a partir de ahora todo iba a ser distinto. Por un giro de guion que probablemente sólo estaba en mi cabeza, no lo sé, lo que estaba por venir no era nada halagüeño. Lo mejor ha quedado atrás, me insistió una y otra vez mi voz interior. Lo que resta es envejecer, poner parches a las goteras, pasar de la soledad elegida a la no deseada, ser cada día más invisible. Prefería irme dejando un buen recuerdo que, por el capricho de jugar una prórroga, arriesgarme a arruinarlo todo, equivocándome de rumbo, trastabillando, incurriendo en errores, pecando por acción u omisión. Provocando que mi despedida aliviase a más de uno. No debe de haber nada tan triste como llegar a ser patético.

Tan claro como que a fecha de hoy mi nota global merecía un Notable, estaba convencido de que si continuaba viviendo mi nota media iría descendiendo hasta rozar el suspenso. Doy gracias a que me di cuenta a tiempo de cómo, en ocasiones, tanto amor propio puede jugar en nuestra contra.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

Tracking Pixel Contents