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Los muertos de Ceuta

Enzarzados en culpabilizarse unos a otros, se olvida la mayor crisis humanitaria de nuestras fronteras

A día de hoy, ni siquiera sabemos cuántas vidas se ha cobrado la así llamada crisis de Ceuta. La última, antes hubo muchas más. Sabemos que empezó el 30 de junio pero, en el momento en que escribo, aún no ha terminado ni hay visos de que vaya a terminar pronto. La morgue de la ciudad ha recibido 82 cadáveres de ahogados mientras intentaban alcanzar su destino por mar. El Gobierno da como oficial esta cifra, a la que suma 14 más rescatados por las autoridades al otro lado de la frontera. La muerte no entiende de fronteras así que, en total, 96.

Muchas ongs se muestran en desacuerdo con estos datos, ya que el mar sigue devolviendo cuerpos, casi tres semanas después de los dos peores días, y son muchas las familias que siguen reclamando cadáveres de sus miembros desaparecidos. Calculan que la cifra crecerá hasta 142 muertos.

Catástrofes mucho menores nos han hecho estremecer. Hemos publicado las fotos y pequeños perfiles de los finados, hemos contado quiénes eran, a qué se dedicaban, qué aspiraciones tenían. Se supone que ellos son/eran los protagonistas de esta historia, pero ya no nos podrán contar qué misteriosa fuerza les llevó a echarse al mar en busca de un futuro mejor.

El protagonismo se lo han arrebatado las luchas políticas, que en este país arrebatan hasta las cuestiones más dignas de respeto. Que si el Gobierno debería mostrarse más duro con el régimen autoritario de Marruecos, que si la oposición, y las propias autoridades ceutíes, están manejadas por Vox, que si los oportunistas de turno acaban por hacer el ridículo cuando pretenden conseguir su minuto de gloria.

Nadie hace caso a los habitantes de Ceuta, quienes están padeciendo una situación insoportable en las puertas de su casa. Hay quienes les tacha de fachas por exhibir banderas españolas exigiendo ayuda para los españoles olvidados en tierras africanas. ¿Se imagina usted por un momento cuál hubiera sido su reacción si en las calles y aceras de su pequeña ciudad se hubieran plantado 80.000 personas desesperadas? Es decir el mismo número que sus habitantes. Póngase en su lugar y comprobará que la reacción de los ceutíes está siendo ejemplar.

Unos ceutíes que no dejan de ver desfiles de ministros, que ni solucionan ni consuelan. El penúltimo fue el de la ministra de Sanidad, quien visitó a la ciudad para dejar por mentirosos a sus autoridades y a sus sanitarios, a los que llegó a tachar de xenófobos, para decir que la Guardia Civil exageraba con las violaciones, que, en realidad fueron -¡solo!- 5 y no 15.

Tal vez este agosto en que este país nuestro cierra a cal y canto para disfrutar del merecido descanso, de las ansiadas vacaciones, de las miles de fiestas populares, ha provocado que la crisis de Ceuta haya tenido menos repercusión de la que se ha visto en países extranjeros. Ceuta ha sido, una vez más, una excepción en este país. Ni ha podido disfrutar de vacaciones ni de fiestas patronales (Nuestra Señora de Africa), que este año hubieron de ser suspendidas.

Se ha echado de menos este agosto algún movimiento solidario, además de la injustamente denostada Cruz Roja, que ha estado allí para que no se murieran de sed o hambre los inmigrantes. ¿Dónde estaban las afamadas flotillas tan dispuestas en otras ocasiones más lejanas? ¿Dónde esos activos colectivos de actores, actrices, intelectuales y escritores, siempre dispuestos a encabezar cualquier reivindicación? ¿Dónde todos esos defensores del traicionado pueblo Saharaui?

Espero que no sea porque estamos en agosto y todo el mundo está de vacaciones. Algo tiene Ceuta que no gusta a los colectivos reivindicativos. Algo tiene Ceuta que rechina a la estética de las ideas izquierdistas. Será por mala conciencia de potencia colonial, por la gran presencia del impopular ejército, o porque el partido en el Gobierno es el que es.

"Esto no es política, esto es dignidad", ha dicho el diputado socialista por Ceuta Melchor León. "No voy a dejar de decir lo que pienso por miedo a las consecuencias dentro de mi propio partido (...) Primero está mi ciudad. Primero está Ceuta". La dirección local del partido le ha contestado: "Si no quiere estar que se vaya".

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