Opinión
Asturianizar España
Una propuesta para cohesionar España reuniendo modernidad y arraigo a través de la identidad asturiana
Valentín Martínez-Otero Pérez es profesor de la Universidad Complutense y presidente del Centro Asturiano de Madrid
En una caleya del oriente asturiano escuché a dos paisanos hablar de "asturianizar España". No alcancé a conocer los pormenores de aquella conversación. La frase, sin embargo, quedó suspendida en el aire fresco y me acompañó durante el camino. ¿Qué puede significar hoy algo así? ¿Qué ganaría España si fuese, en algún sentido, asturianizada?
La expresión me llevó a recordar la consideración de Ortega y Gasset sobre el alma del pueblo asturiano: "Una raza de hombres capaces de intervenir en la vida contemporánea sin perder la solidaridad del espíritu con el campo nativo". Ortega acertó a señalar una cualidad que conserva plena vigencia: la capacidad de participar en la vida moderna sin romper el vínculo con las propias raíces.
Quizá ahí resida el auténtico sentido de asturianizar España. No se trataría, desde luego, de uniformar el mapa con nuestra propia idiosincrasia —por lo demás, diversa y plural—, ni de alimentar un regionalismo narcisista. Mucho menos de erigir una nueva frontera identitaria frente a los demás. Asturianizar España no equivale, en mi opinión, a reducir el país a nuestro propio molde, sino a ofrecer lo mejor de nosotros mismos, abrirnos al intercambio y a la colaboración, fortalecer el sentimiento interregional y reafirmar nuestra españolidad. Significa también compartir las enseñanzas que Asturias ha ido acumulando a lo largo de su historia y avanzar hacia un horizonte compartido, desde el reconocimiento de lo que nos une y el respeto a lo que nos hace diferentes.
En un tiempo de nacionalismos divisivos, Asturias puede mostrar que el arraigo no necesita convertirse en trinchera. Ser y sentirse de un lugar no justifica levantar muros entre compatriotas, sin que ello suponga ignorar que una nación exige fronteras seguras y una soberanía firmemente defendida.
Quien conoce, aprecia y respeta sus propias raíces puede estar mejor preparado para comprender y respetar las ajenas. Asturias no ha de quedar eclipsada en la historia de España: forma parte de sus raíces y de su construcción histórica. Ahí están Covadonga y Pelayo, que evocan un legado de resistencia, continuidad y afirmación colectiva, inseparable de la realidad asturiana y de su contribución a España. Pero Asturias no es solo historia; es también pensamiento, capacidad crítica, voluntad de transformación, presente y porvenir. Una identidad viva no se limita a conservar su legado: lo interpreta, lo renueva y lo proyecta hacia el futuro.
Benito Jerónimo Feijoo desarrolló desde Oviedo buena parte de su obra. Combatió supersticiones, prejuicios y falsas certezas; reivindicó la razón, la experiencia y el conocimiento. Y, junto a Feijoo, Jovellanos: asturiano de nacimiento y corazón y, al mismo tiempo, abierto al mundo. Educación, ciencia, agricultura, industria, infraestructuras: su mirada se proyectó hacia el futuro. Feijoo y Jovellanos representan, cada uno a su manera, una misma lección: para avanzar no es necesario renunciar a las raíces, mucho menos quedar atrapado por ellas, sino convertirlas en punto de partida y en sostén del progreso.
Asturias nunca necesitó elegir entre el desarrollo y sus raíces. En su historia coexisten la fuerza del campo, la tradición del mar, la huella de la minería y la siderurgia, y el legado del movimiento obrero. Conoció el conflicto social, el sacrificio y la dureza del trabajo, pero también la solidaridad, la cooperación y la conciencia de que nadie sale adelante completamente solo.
Asturianizar España podría significar también recuperar el valor de la comunidad sin menoscabo de la libertad individual. Recordar que una sociedad no se sostiene únicamente sobre derechos, sino también sobre responsabilidades; que la convivencia exige reciprocidad; que el bienestar propio depende, en buena medida, del bienestar de los demás.
Vivimos en una época dominada por la velocidad, la apariencia y el ruido. Asturias conserva, con todas sus contradicciones, una cultura que sabe apreciar la conversación, la ironía, la palabra dada, el encuentro, la comida compartida y la fiesta popular. Son cosas sencillas, pero no insignificantes. Constituyen parte de ese tejido invisible que hace posible el vínculo social.
Asturianizar España implica también, eso creo, reivindicar una relación equilibrada con el territorio. Asturias demuestra que el desarrollo económico y la conservación del paisaje no son antagónicos, y que la verdadera cohesión social se construye conectando el orgullo por la propia tierra —ese mismo que la emigración mantiene vivo en la distancia— con una proyección abierta al mundo. No se trata de regresar al pasado, sino de avanzar sin despreciarlo.
Como intuyó Ortega, el verdadero reto es la presencia plena en el mundo contemporáneo desde la dignidad de las propias raíces. Asturianizar España es una invitación a la cordura, un recordatorio de que una nación plural se fortalece cuando cada uno de sus pueblos aporta lo mejor de sí para evitar la desorientación y la fragmentación.
La próxima vez que escuche a unos paisanos conversar en una caleya sobre asturianizar España, valdrá la pena detener el paso. Quizá estén esbozando, con la naturalidad de la tierra, la España del sentido común, la memoria y el arraigo que hoy más que nunca necesitamos construir.
Suscríbete para seguir leyendo
- Conmoción en Degaña: mueren al volcar su coche dos jóvenes de 23 años que acababan de estar en las fiestas de la Santina en Cerredo
- Tremenda tormenta en Oviedo: granizos como canicas y árboles tirados por el viento en la ronda exterior
- Carmen Moreno se retira de las primarias del PSOE de Gijón: 'Hay una utilización ilegítima y ventajista de los recursos del partido
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir el set de utensilios de cocina más barato del mercado: disponible por menos de 10 euros
- Vuelta al verano de 1936, hacer la guerra para que no se repita: Candamo acoge los días 11 y 12 una nueva edición de las jornadas en las que se recrean los sucesos de la Guerra Civil
- Una pasión a corazón abierto: la historia de dos hermanos de Sobrescobio, ambos premio fin de grado de Medicina, especialistas en cardiología en el HUCA
- El sacerdote Andrés Fernández se despide de la parroquia de Viesques entre regalos y dejando un legado 'de empatía y cariño' : “Nos volveremos a ver con el ascenso del Sporting”
- La desgracia se ceba con Cerredo tras la muerte de dos jóvenes en un accidente de tráfico: 'Es muy duro
