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Apostar por el poder blando

Análisis de la crisis en Ceuta, derechos internacionales y la posición de Marruecos

Como explicó días atrás el diplomático Jorge Dezcallar en este periódico, la crisis en Ceuta es multifactorial y las principales causas son la pobreza y los conflictos, pero también la oportunidad y la instrumentalización cruel que hace Marruecos de las vidas humanas. Ante la entrada coordinada de decenas de miles de personas, toda atención y dispositivo es insuficiente, pero es vital que se respeten de forma pulcra los mecanismos internacionales. Entre las decenas de miles de personas que entraron hace dos semanas, hay algunas que esperaban al otro lado para poder solicitar asilo y es imprescindible poder desgranar los casos y tramitarlos correctamente. Marruecos quería generar una crisis y así ha sido, pero no se debe castigar a los más castigados ya.

¿Por qué debería preocuparnos eso, en un momento en el que tantos países se burlan de las reglas internacionales? No hay virtud alguna en que un país cumpla con las leyes cuando el contexto le beneficia o le interesa, lo que marca la diferencia es creer en esas normas cuando le perjudica. Durante la Guerra Fría, muchos países acogieron a exiliados que huían porque en aquel momento el volumen de flujos migratorios era asumible y acoger a huidos del modelo adversario fortalecía la batalla ideológica. El contexto ahora es opuesto y muchos países se replantean si aquellas normas de entonces les sirven ahora. El derecho internacional no obliga a ningún país a abrir las puertas de par en par, pero aquellos que han firmado el Estatuto del Refugiado deben tener una frontera accesible que permita llegar a ella y solicitarlo. La frontera sur no siempre (casi nunca) lo permite y, por lo tanto, España viola el derecho internacional y perjudica a los más vulnerables, en su mayoría, subsaharianos hacinados en sus bosques, dejando que Marruecos los someta a todo tipo de violencias y torturas y después los use, junto a su propia gente, como arma política a discreción. Lo difícil pero coherente es decir que Marruecos no es un aliado ni una democracia y dejar de delegarle nuestras obligaciones en materia de asilo y refugio, asumiendo el coste y convirtiéndolo en fortaleza y poder blando diplomático.

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