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Elecciones en Estados Unidos

Lo que pase en EE UU afecta a todo el planeta

La actualidad política nacional está en Ceuta. La situación que se vive allí ha adquirido unas dimensiones que obligan a calificarla de grave. La presencia de dirigentes políticos y medios de comunicación en la ciudad autónoma dirigen la atención de la opinión pública hacia la crisis humanitaria y las implicaciones de toda índole que se derivan de la entrada masiva que sorprendió y causó tanta alarma, por sobrados motivos, a los ceutíes. La prensa refleja el desconcierto que muestran los españoles ante la extraña actitud que mantiene el presidente del Gobierno desde el primer día, en que compareció para dar su versión de lo ocurrido, que está siendo muy cuestionada, y acto seguido desapareció. No resulta fácil comprender la actuación de Pedro Sánchez, bien distinta en cada caso, ante las sucesivas crisis que ha tenido que gestionar. Su silencio se hace especialmente llamativo en esta, con claros augurios de una derrota electoral cercana y ninguna posibilidad de seguir al frente del Ejecutivo.

Pasa agosto y regresamos a la arena política. La oposición atiza y el Congreso aguarda la visita de varios ministros para un debate de conclusión imprevisible. Vuelve el runrún de las elecciones. La administración de la prerrogativa presidencial y la ansiedad de los aspirantes ha convertido la fecha de la cita con las urnas en el mayor misterio de la política nacional de cada día. Pedro Sánchez juega con esa carta. Los españoles no sabemos cuándo tendremos la oportunidad de votar en unas elecciones generales, las más decisivas para nosotros, pero falta poco para que se celebren unas elecciones en las que no tenemos derecho a participar y, sin embargo, su resultado puede modificar el panorama de la política mundial y afectarnos de diversas maneras.

El próximo 3 de noviembre será día electoral en Estados Unidos. Se renovará la Cámara de Representantes entera, un tercio del Senado y cientos de cargos públicos electos de los tres poderes. A diferencia de España, la fecha es fija e inamovible. Pero como aquí, las elecciones están cada vez más envueltas en agrias polémicas. La manipulación de las circunscripciones, el registro de los electores, en suma, el control del proceso electoral, son objeto de discusión pública y recursos judiciales. Incluso ha tenido difusión la sospecha de que Trump estaría pensando en suprimir las elecciones para gobernar indefinidamente. La controversia sobre la integridad de las elecciones también ha subido de tono en España a propósito, en particular, de la nacionalización de los descendientes que residen en el exterior y las garantías del voto por correo.

La cuestión es que Trump propone una política exterior basada en la fuerza más que en el derecho, ha nombrado reiteradamente a España y su gobierno en términos peyorativos, salvo las buenas palabras que ha dedicado a Abascal, y las relaciones bilaterales entre ambos países son distantes y desconfiadas, con Israel y Marruecos por medio. La influencia de Estados Unidos en el mundo, el diseño institucional de su sistema presidencialista y la polarización extrema de la sociedad son factores a tener en cuenta para calibrar la importancia de estas elecciones para los norteamericanos y el resto de los países. Parten como favoritos, con una ligera ventaja, los demócratas, a pesar de encontrarse deprimidos y divididos. Trump podría recibir un duro castigo por haber defraudado sus grandes promesas, en especial de los jóvenes, cuyas expectativas de vida se han visto frustradas.

Las elecciones de noviembre determinarán el curso de la política estadounidense en la segunda mitad del mandato de Trump y, en vista del resultado, republicanos y demócratas tomarán posiciones ante las siguientes elecciones presidenciales. Está en juego el modo en que Estados Unidos ejerce su liderazgo mundial, pero sobre todo la vigencia de los valores democráticos. Avanza una corriente que ensalza cierta noción de la libertad, protegida por una autoridad dominante, y detesta la democracia. En ella está enrolada la derecha radical europea, que recibe un valioso apoyo del movimiento trumpista. Cada elección que se celebra pone a prueba el carácter democrático de nuestras sociedades. La democracia está vinculada a la soberanía estatal y la vieja idea de constituir una liga de democracias, tras la cual era fácil imaginar un gobierno mundial democrático, no ha prosperado. Pero las fronteras se han vuelto porosas y a los españoles, aunque no votemos, nos interesa mucho, más si cabe en esta ocasión, la elección que van a hacer los ciudadanos de Estados Unidos.

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