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Ya no caerán favores del cielo

El tramo final de la legislatura eleva la tensión en los partidos n Ni de los aliados, presentes o futuros, cabe esperar regalos

Que nadie espere ya favores caídos del cielo. Ni de Madrid, ni del aliado, ni del compañero parlamentario, ni siquiera de quien probablemente habrá que echar mano después de las elecciones. A medida que se acerca 2027 y se extingue el paréntesis estival, la política asturiana entra en esa fase de la legislatura en la que se sigue necesitando ayuda, pero cada cual empieza a preocuparse de sí mismo.

Los espacios se estrechan, se levantan líneas de contención y en los partidos se sacan las calculadoras. Se elucubra ya con las listas electorales, convertidas en botes salvavidas en los que no todos caben si hay que remar desde la oposición y en los que, además, hay que repartir por equilibrios, territorios y aliados pensando en el futuro.

El Gobierno de Barbón tiene clara la lección. Gobernar bajo las mismas siglas que Pedro Sánchez no conlleva regalos. Ni una Agencia Estatal de Salud Pública ni un discurso amable sobre el peaje del Huerna, convertido ya en inédito elemento de confrontación entre dos gobiernos del mismo signo. El Gobierno regional marcará aún más el territorio propio ante Madrid, justo cuando se afronta la delicada discusión de la financiación autonómica. Dentro de nueve meses estará a examen qué se consiguió de un Gobierno central del mismo color político.

La oposición no va a dejar margen alguno para tomar aliento. La fiscalidad y la gestión presupuestaria serán el pertinaz e insistente martillo con el que golpear la imagen del Ejecutivo bipartito de izquierdas. Ya se ha acabado el tiempo de las promesas y el discurso político se mide en grúas, carreteras, decisiones y cumplimientos.

Algunas de esas carpetas —las de la financiación, la ejecución, el presupuesto o la de una fiscalidad que amenaza con tensar al propio Gobierno— están sobre la mesa del consejero de Hacienda, Guillermo Peláez, también portavoz del Ejecutivo, y a quien además le ha caído de las alturas asumir la gestora de la agrupación socialista ovetense tras la dimisión de Delia Losa. Por si hubiera pocos frentes, algunos regalos no lo parecen, y menos para un consejero cuyo futuro político partió con una proyección incuestionable y para el que incluso sonaron opciones en otros ámbitos tras la salida de María Jesús Montero del Ministerio de Hacienda, aunque su horizonte se mantendrá en Asturias pese a los tiempos inciertos que asoman.

No caben favores ni en los bloques ideológicos. Izquierda Unida acotará aún más sus particulares objetivos en competencia con la incógnita sobre el movimiento que pueda rodear a la diputada de Somos Covadonga Tomé. Mientras se proclamará la necesaria unidad de la izquierda frente a la amenaza del cambio de ciclo, Convocatoria-IU querrá liderar una izquierda situada a la izquierda del PSOE, al tiempo que Somos deberá mostrar que no nació para diluirse.

Tampoco espere el PP ventajas de Vox ni viceversa. Pueden necesitarse para gobernar, pero pelearán votos en el mismo terreno. Vox tratará de evitar que los populares de Álvaro Queipo crezcan con el voto útil de la derecha y el PP deberá salir de las urnas con la mayor fortaleza posible para que el hipotético abrazo de Vox no se convierta en tutela. Los posibles aliados del día después compiten hasta la noche anterior.

Y en los municipios se mira poco más allá de las fronteras. Cada candidato echará sus cuentas evaluando el puñado de votos que cuesta un concejal. Conforme avance el calendario, las estrategias regionales se fragmentarán en añicos de supervivencia. Los éxitos particulares serán la medida de la fortaleza interna de cada cual en la próxima legislatura, incluso para los ajustes de cuentas dentro de casa.

Quedan meses, pero la campaña empieza a imponer ya sus propias leyes. Que nadie espere favores caídos del cielo. A estas alturas, cada cual empieza a preocuparse, sobre todo, de que el cielo no se le caiga encima.

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