Opinión
Asturias pudo (¿y puede?) tener otra autonomía
El significado del proyecto de estatuto descubierto en Ávila
Román Antonio Álvarez González es miembro correspondiente del RIDEA
El descubrimiento realizado por el historiador Pablo Martínez Corral en el Archivo General Militar de Ávila tiene bastante más importancia que la que corresponde al simple hallazgo de un documento desconocido. Entre aquellos fondos apareció un proyecto de Estatuto de Autonomía elaborado en plena Guerra Civil, cuando Asturias vivía una situación política, militar e institucional absolutamente excepcional. El documento demuestra que hubo una Asturias que pensó su autogobierno de manera diferente a como acabaría configurándose muchas décadas después.
No se trata de entrar ahora en el terreno fácil de imaginar qué habría ocurrido si aquel proyecto hubiera prosperado. La historia no se escribe con condicionales. Pero sí sirve para recordar algo que con demasiada frecuencia olvidamos: el actual modelo autonómico asturiano no era la única posibilidad que había sido concebida. Antes de 1981 hubo otras ideas, otros proyectos y otras formas de entender la personalidad política de Asturias. Ese es, a mi juicio, uno de los mayores valores del hallazgo de Pablo Martínez Corral. El proyecto encontrado en Ávila tenía dieciocho artículos y varias disposiciones transitorias. Proponía una organización territorial que reunía Asturias, León, Zamora y Salamanca y planteaba una estructura administrativa y política propia. Nació, además, en unas circunstancias en las que el Consejo Regional de Asturias y León había asumido, por la propia evolución de la guerra, responsabilidades que iban mucho más allá de las habituales en una administración provincial.
Asturias administraba entonces abastecimientos, transportes, producción, sanidad, justicia, orden público y defensa. Había, por tanto, una realidad política previa a la que aquel proyecto pretendía dar una forma jurídica. La guerra terminó con todo aquello. La caída del frente norte hizo inviable cualquier desarrollo posterior y el documento quedó durante décadas donde tantas veces acaba la historia que no llegó a ser: en un archivo. Por eso tiene tanto mérito recuperarlo ahora. Pero quizá lo verdaderamente interesante sea comprobar que ese proyecto de 1937 tampoco apareció de la nada. Asturias llevaba décadas discutiendo sobre regionalismo, municipalismo y autonomía. Y en esa historia hay un nombre que merece ser recordado: David Arias y Rodríguez del Valle. No es la primera vez que se llama la atención sobre su aportación. En 2006, dediqué precisamente uno de mis artículos en este periódico a David Arias y a la autonomía asturiana. Aquel texto recuperaba un episodio prácticamente olvidado de la historia política de Avilés y de Asturias y formulaba una pregunta que sigue teniendo sentido hoy: cuál había sido la aportación de David Arias al concepto de "autonomía regional y municipal". La respuesta estaba en las bases elaboradas por él en enero de 1919.
El Ayuntamiento de Avilés había recibido una comunicación del alcalde de Oviedo, a propuesta del Ayuntamiento de Gijón, para que los concejos asturianos redactasen unas bases encaminadas a constituir una Mancomunidad de Ayuntamientos Asturianos y avanzar hacia la autonomía regional y municipal. La Corporación avilesina creó entonces una comisión presidida por David Arias y Rodríguez del Valle que presentó su propuesta el 24 de enero de ese mismo año. Las bases fueron aprobadas por unanimidad en el seno de la corporación municipal avilesina. Conviene detenerse en ellas porque han pasado más de cien años y algunas de sus formulaciones siguen llamando la atención por su claridad. David Arias partía de la autonomía municipal. Consideraba que debía estar reconocida por las leyes del Estado e incluso proponía una reforma constitucional que hiciera posible atender las aspiraciones de los pueblos.
Pero iba bastante más lejos. Defendía que el Estado debía reconocer la personalidad regional allí donde existiera de manera histórica y consciente y sostenía que los municipios autónomos debían ser quienes redactaran el correspondiente proyecto de Estatuto. Pero hay todavía un planteamiento más avanzado. Las bases señalaban que, sin poner en cuestión la soberanía española, la región debía ser soberana en aquellas esferas correspondientes a su vida interna. Y además se añadía una condición que resulta especialmente reveladora: el autogobierno regional tenía que asentarse sobre una organización democrática, precisamente para evitar que el regionalismo pudiera convertirse en un instrumento de reacción.
No era, por tanto, una defensa romántica de Asturias ni una simple reivindicación identitaria. Había detrás una determinada concepción de la organización del Estado: Autonomía municipal, reconocimiento de la personalidad regional, competencias propias, democracia y participación de los municipios en la construcción del autogobierno. Todo eso estaba escrito en Avilés en enero de 1919. Las propias bases defendían además que todas las regiones españolas pudieran organizarse en condiciones de igualdad y proponían la convocatoria de Cortes Constituyentes para delimitar las competencias correspondientes al Estado.
En el artículo publicado en 2006 por LA NUEVA ESPAÑA rescaté aquel episodio cuando el mismo apenas formaba ya parte de nuestra memoria pública y menos aún de la memoria colectiva. Su intención era precisamente contribuir a recuperar la figura de David Arias y abrir el debate sobre el alcance de aquellas ideas. El propio texto del artículo concluía señalando que el calado programático de las bases y su posible influencia en otros movimientos regionalistas merecían un estudio más amplio.
Veinte años después, el descubrimiento de Pablo Martínez Corral permite volver sobre aquella cuestión desde una perspectiva nueva. Naturalmente, no puede establecerse una línea recta entre las bases de Avilés de 1919 y el proyecto estatutario de 1937. Son momentos políticos distintos, protagonizados por personas diferentes y nacidos en circunstancias que poco tienen que ver entre sí. Pero pertenecen a una misma historia: la de una Asturias que, en diferentes momentos del siglo XX, reflexionó sobre cómo gobernarse y sobre cuál debía ser su relación con el Estado. En 1919 encontramos sobre todo una formulación doctrinal. David Arias trataba de establecer sobre qué principios debía asentarse la autonomía regional y municipal.
En 1937 encontramos algo diferente: el intento de convertir una experiencia real de gobierno en una estructura jurídico-política. Y ahí es donde el hallazgo de Pablo Martínez Corral adquiere todo su valor. Durante mucho tiempo hemos contado la historia de nuestra autonomía comenzando prácticamente en la Transición, con la Constitución de 1978, el proceso preautonómico y el Estatuto de 1981. Esa es naturalmente, la historia jurídica de la autonomía vigente. Pero no es toda la historia del autonomismo asturiano. Antes hubo debates, iniciativas municipales, movimientos regionalistas, proyectos políticos e incluso, como ahora sabemos, un borrador de Estatuto que contemplaba una organización territorial completamente distinta.
Nada de esto significa que aquella Asturias hubiera sido mejor o peor que la actual. Tampoco que el modelo de 1937 fuese necesariamente el que debiera haber prosperado. Su importancia está en otro lugar. Nos recuerda que la historia permanece abierta hasta que deja de estarlo. Y también que todo puede ser revisado. La Asturias autonómica que conocemos es el resultado de unas circunstancias históricas concretas, pero hubo otras posibilidades. Algunas apenas llegaron a formularse; otras alcanzaron un grado de elaboración considerable y después desaparecieron. Pablo Martínez Corral ha recuperado una de ellas y su descubrimiento debería servir también para volver la mirada hacia quienes, mucho antes, pensaron el autogobierno asturiano cuando hablar de autonomía regional tenía un significado político muy distinto del actual. Entre ellos estuvo David Arias y Rodríguez del Valle. Mi artículo de 2006 en las páginas de este periódico lo recordaba.
Las bases aprobadas por el Ayuntamiento de Avilés en 1919 demuestran que aquella reflexión sobre Asturias, sus municipios, su personalidad regional y su capacidad de gobierno venía de lejos. Ahora, el documento localizado Por Pablo en Ávila incorpora otra pieza fundamental a ese relato. Quizá haya llegado el momento de dejar de considerar estos episodios como simples curiosidades históricas y empezar a verlos como lo que realmente son: capítulos de una larga reflexión asturiana sobre el poder, el territorio y el autogobierno. Porque Asturias tiene hoy una autonomía. Pero la historia demuestra que pudo haber tenido otra y que el proceso continúa.
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