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Atletas y atletos, pajes y pajas

Las barbaridades y estupideces del neolenguaje

En una reciente retransmisión deportiva, una locutora habló de «atletas y atletos». Y el académico Pérez Reverte se le tiró a la yugular. Maldita sea la neolengua y malditos sus abnegados fabricantes de palabros: por fin hemos descubierto que el castellano es un paciente agónico que llevaba siglos aguardando un lifting ideológico.

¿A quién se le ocurre pretender que una lengua sea limpia, práctica y eficaz? ¡Qué vulgaridad! Lo moderno es convertir cada frase en un circuito de obstáculos. Si una oración puede decirse en cinco segundos, habrá que conseguir que dure veinte y provoque un derrame cerebral al pronunciarla.

Ya nos hemos acostumbrado al «todos, todas y todes». Pero el verdadero estropicio llega cuando aplicamos la doctrina a la vida real. Imaginemos la llegada de Sus Majestades de Oriente: ¿los Reyes Magos vendrán acompañados de sus pajes y sus respectivas pajas? Habrá que andarse con cuidado, porque en esta fiesta del desdoblamiento no puede haber caballo sin caballa, punto sin punta, cazo sin caza, pollo sin polla.

Al final, esa fabulosa herramienta que es la lengua castellana —pulida durante siglos por gentes de buen sentido— corre el riesgo de convertirse en un gigantesco formulario administrativo donde cada sustantivo necesite escolta y cada adjetivo reclame una declaración responsable.

Quizá el problema no sea que el idioma tenga género, sino que quienes lo modifican por decreto pertenezcan al género tonto.

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