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Morir de éxito

Sobre el feminismo anticojones

Tuve la carajada de decir a una amiga que me gusta Oscar Wilde. Visité al escritor en el Cimetière du Père-Lachaise de París, vi sus monumentos en Londres y Dublín, llegué a la tumba de su esposa en Staglieno, Génova; escribí sobre ello en mi ensayo de esculturas, "Con mucho busto", y leí varios de sus libros, con especial interés "Salomé", obra de teatro, y "De profundis", una carta de amor a su amante hideputa, Alfred Douglas; de esta sobrecogedora epístola quería hablarle a mi amiga y me cortó para decirme:

–Oscar Wilde era un machista.

–¿Oscar Wilde un machista, en qué te basas?

–En "El retrato de Dorian Gray", entre otras lindezas, sale que "las mujeres no tienen nada que decir pero lo dicen encantadoramente".

–No debes sacar frases del contexto. En esa obra, Lord Henry le dijo eso a Dorian Gray. Que personajes de una novela sean así o asá no implica necesariamente que el autor se identifique con ellos. Con intención aviesa también pueden denunciarse epigramas como "El abanico de Lady Windermere" o en "Una mujer sin importancia", pero, dime una feminista de tu confianza y verás cómo, si publicó novelas, encuentro alguna cita para condenarla. Mi admirado Wilde dirigió entre 1887 y 1889 "The Woman’s World", revista donde impulsó temas de emancipación femenina y dio espacio a escritoras profesionales. Sus obras de teatro suelen tener a mujeres como los personajes más inteligentes y con más capacidad de acción (Mrs. Erlynne, Mrs. Arbuthnot, Lady Hunstanton, Gwendolen, Cecily, Salomé...) que suelen superan en ingenio a los hombres. Su ironía apuntaba sobre manera a la hipocresía social victoriana (el matrimonio, la doble moral, la aristocracia), no específicamente a las mujeres; los hombres recibimos de él similar trato y salimos peor parados. Hablamos de la época victoriana, época de opresión patriarcal extrema. De manera que, amiga mía, encasillar como machista a Oscar Wilde significa que ignoras su activismo y la profundidad con que aborda sus personajes femeninos. Sería más justo hablar de un Wilde que satirizaba las convenciones de su tiempo, con las contradicciones lógicas de alguien inmerso en esa sociedad machista que lo encarceló. Un dicho mexicano nos pone sobre aviso: "Antes de juzgar a una persona, camina tres lunas con sus huaraches". Decía Sánchez Ferlosio en "Industrias y andanzas de Alfanhuí" que lo que ocurrió bajo la lluvia, sólo bajo la lluvia puede ser contado. Analiza la obra completa y valora, no invalides la historia entera de la humanidad en la que en un momento, al empezar, la mujer y el hombre adoptaron un rol diferente que miles de años después no funciona y es injusto.

Admiro a Wilde y desapruebo a las envalentonadas y al feminismo que por cojones nos excluye en la lucha por la igualdad; reconozco que los hombres hemos vivido por encima de nuestra capacidad pero, al menos, dadnos la oportunidad de redimirnos e intentar ser también un poco mujeres, como lo era Wilde.

En una de mis peregrinaciones tras el irlandés, visité en París el Hôtel d’Alsace, donde mi genial amigo, recién excarcelado, en la indigencia y mortalmente enfermo, al descorchar con su Alfred un carísimo champán, consciente de su patético brindis, dijo: "Estoy muriendo por encima de mis posibilidades".

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