Opinión
Nos vemos en 2049
Las placas geopolíticas también se desplazan con impactos de siglo. La Guerra Fría fue entre Estados Unidos –y sus aliados– y la Unión Soviética, para tener la supremacía atómica. Ahora las dos grandes placas son Norteamérica y China: lo que quieren cada uno es ganar la batalla por la inteligencia artificial. Todo va muy deprisa y los árbitros no saben a quién reconocerle ventaja. Otras cuestiones capitales también están en juego: la energía de fusión nuclear y la robótica. El perro robot Spot está poniendo nerviosos a los fox terriers de la vecindad. El quid sigue siendo los microprocesadores.
Hace seis años, el gurú máximo de Singapur, Kishore Mahbubani publicó en ensayo "¿Ha ganado China?". Su colofón era más bien prochino y ahora, mucho más. Da por hecho que China ha ganado la carrera de la IA. Otros futurólogos matizan que Estados Unidos sigue por delante y que el avance chino está en la robótica, en los robots humanoides, cuyo espécimen Spot ya es como un personaje de videojuego, ventrílocuo y saltarín.
En modelos de lenguaje, ChatGPT va por delante. Lo usan 900 millones de personas a la semana, uno de cada ocho terrícolas. Según la BBC, si Washington va por delante en IA es porque tiene más chips que Pekín. Ahí la Unión Europea es un actor muy secundario, salvo por Holanda. Ese es el peso geopolítico de Taiwán: fabrica los chips que la China continental querría pero que todavía controlan los EEUU. Esa es la franja de competencia en la que, según algunos augures tecnológicos, se dirimirá en 2049 –centenario de República Popular China– la hegemonía en IA. Los inversores están en el frenesí. La entrada del mayor fabricante de robots humanoides –Unitree– ha sacudido la bolsa de Shanghái.
La guerra tecnológica de la IA tiene unas implicaciones que ni los escritores de ciencia ficción más geniales lograron atisbar. Lo que nos llega es el chucho Spot y que algunos robots de servicios –camareros o repartidores de "en competencia con los drones"– ya están pidiendo propina. Más allá, las mutaciones son insondables. ¿Harán falta trabajadores? ¿Quién controlará los nuevos armamentos?
Después de dirigir Blade Runner en 1982 –un filme con la potencia de un misil–, Ridley Scott produjo Blade Runner 2049, con dirección de Denis Villeneuve, en 2017. Lo que va de uno a otro es uno de los abismos para la inteligencia de nuestro tiempo. Según el segundo Blade Runner, la supervivencia de la humanidad solo será posible con la bioingeniería. ¿Cómo legislar, como hacer política, en qué quedara la conciencia del homínido? ¿Cómo competir con una inteligencia finita frente a la nueva superinteligencia? Estamos en una fase de ignorancia también nunca vista.
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