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Asturcones y bisontes

Asturias celebra sus animales ancestrales pero prescinde de alguno que podría prestar servicio agrícola

El pasado fin de semana se celebró en los suaves montes del centro de Asturias la fiesta del asturcón. Es éste un caballo, una raza patrimonial de pequeños ejemplares que habitan desde la antigüedad en las montañas asturianas. Tiene un frente pectoral musculoso, cola de abundante pelo, pequeño tamaño con extremidades finas y cascos redondos y resistentes. No suele levantar más de metro y medio y es una reliquia histórica. Los romanos ya lo utilizaron para trabajar en sus minas. Sus ejemplares se mantuvieron salvajes durante siglos y hoy están domesticados y habitan brañas de los municipios en torno a la sierra del Sueve (Piloña, Colunga, Caravia y Parres), ya en el ala oriental del Principado. Su fiesta celebra la conservación de una raza en peligro de extinción.

Es uno de los animales ancestrales asturianos que se quieren mantener como símbolo de una antigüedad que nos distingue como participante en la Historia de España. Ocurre igualmente con el oso pardo, que ha logrado sobrevivir en las montañas astures gracias a la labor de organizaciones no gubernamentales con el Fondo para la protección de animales salvajes (FAPAS). También el quebrantahuesos está logrando sobrevivir a pesar de algunos envenenadores furtivos. Otros intentos en este sentido, como el realizado con el urogallo, no han dado resultado hasta el momento y se teme su extinción.

No han conseguido una labor parecida los naturalistas asturianos en relación al bisonte. No es acosador, es pacifico.También animal histórico en nuestra tierra, según fuentes científicas reflejadas en paredes de cuevas prehistóricas como los caballos tarpanes, el bisonte ha sido rechazado en diversos municipios. A pesar de que su labor es apreciada por la comunidad científica como eliminador de vegetación salvaje y secundaria para la economía agrícola, como animal que realiza gran labor contra incendios –tan abundantes y arrasadores de bosques en España y Europa este verano– y mantenedor de campos contra depredadores.

Precisamente, muchos depredadores que mantienen la cadena trófica en nuestra zoología, como los lobos, son perseguidos sin descanso por quienes no se gastan un euro en mastines o una raza leonesa especializada en orientar rebaños, en rediles pertrechados para proteger sus animales y otras medidas preventivas. Justamente los bisontes consiguen esa función, ahuyentado a ciertas fieras depredadoras, entre ellas a cánidos asalvajados.

Bisontes que han arraigado en tierras tan, en principio, hostiles como campos de Jaén o Extremadura, praderas zamoranas o palentinas, donde desarrollan esas labores mencionadas sin entorpecer la vida de los pueblos de gran parte de la España vaciada o llenada por granjas intensivas, que mantienen animales en permanente y horrible cautividad, sin ver el sol en toda su existencia e invaden las poblaciones de una insufrible pestilencia.

Tierras poco cultivadas hay en abundancia en Asturias hoy que apenas se ven herbívoros pastando por nuestros prados. Bosques semiabandonados también abundan, propicios para unos herbívoros beneficiosos, poco ruidosos y poco expansivos, que limpian los bosques y praderas de una invasiva vegetación residual. Por eso los bisontes son beneficiosos y necesarios y con los que habría que celebrar una fiesta similar a la del asturcón, animales ancestrales en la Cornisa Cantábrica. Sobran Búfalos Bill en nuestra tierra, esa perniciosa figura de las praderas norteamericanas que ahora lamentan en muchos parques naturales, ejemplares en el mundo naturalista mundial.

Si el oso atrae gran cantidad de visitantes por los montes de Somiedo, las altas cuencas del Nalón y del Caudal podrían convertirse en atractivos centros de recuperación del bisonte.

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