Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

De Puente a Puente

El Ministro de Transportes, el peaje del Huerna y el melón sucesorio

Al ministro de Transportes le gusta jugar a la oca: espera Puente que la corriente del Golfo empuje su barco pirata al liderazgo del PSOE, cuando Pedro Sánchez quede convertido en estatua de sal, hoja volandera, hojarasca o pavesa.

Hay que reconocerle a ese señor de Valladolid una absoluta falta de pudor al mirarse al espejo y ver reflejada en su propia jeta la estatua de un presidente. El ministro de Transportes, portavoz de las vísceras del sanchismo y ariete tuitero de Ferraz, ha decidido abrir el melón sucesorio antes de que el inquilino de La Moncloa haya hecho las maletas o redactado su carta postrera a la ciudadanía. Con la misma ligereza con la que despacha el caos de Cercanías o sacude estopa en las redes sociales, Puente advierte de que él no está para «pasar la pelota». O sea, que si le llega la bola, se la tira. O tira porque cree que le toca.

Poco importa que en las colonias lo miren con el mismo entusiasmo que un viajero ante la pantalla de incidencias de Chamartín. En Asturias, por ejemplo, le huyen los aliados. El ministro que rechaza aplicar la justicia distributiva con el peaje del Huerna se perfila ahora como la gran esperanza del sombrajo socialista. Qué brillante carta de presentación para un aspirante a liderar el país: convertir la arteria principal de una región en un peaje ideológico y contable, condenando a los asturianos a pagar la factura del centralismo de moqueta mientras él pontifica sobre la solidaridad de partido. Si así mima a las infraestructuras de los suyos, imaginen el trato que dará a las ajenas.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents