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El PP pepea

La responsabilidad del principal partido de la oposición

Como observador particular de la situación política actual española, y analizando unas circunstancias nada normales, con consecuencias de enorme trascendencia e incluso gravemente perjudiciales, permítanme hacer una reflexión que incide directamente sobre la marcha del país y que concluye en lo siguiente: El Partido Popular es responsable de las implicaciones negativas de las políticas que nos rigen, fundamentalmente, por inacción. Intento explicarme.

Aunque el Partido Popular no está ejerciendo el poder en el Gobierno central, sí lo hace como partido mayoritario de la oposición, además de gobernar en buena parte de las comunidades autónomas y ejercer una notable influencia en el ámbito europeo.

A mi modesto entender, hay cuatro acciones "legales" que el PP podría adoptar de forma inmediata y que omite deliberadamente, seguramente por tacticismo político e interés puramente partidista.

La primera –por cierto, ocultada por orden expresa de la dirección del partido– sería apoyar la activación del artículo 102 de la Constitución para promover una investigación por presuntos delitos de alta traición y contra la seguridad del Estado, lo que implicaría un voto secreto en la cámara.

La segunda sería plantear una moción de censura que, aunque se perdiera en votos, permitiría ganar terreno en la lucha política parlamentaria y utilizar el Parlamento nacional como altavoz, tanto nacional como internacional, trasladando a la ciudadanía la verdadera situación económica y social del país.

La tercera sería romper la alianza entre socialistas y populares en la gobernanza que comparten en la Unión Europea. Esto podría romper las costuras de la gobernabilidad de la actual Unión Europea, con la consiguiente repercusión en la financiación de la deuda española. Sin ir más lejos, en estos días de agosto se han solicitado miles de millones para pagar los intereses de la deuda que deben satisfacerse en septiembre.

Y la cuarta medida que podrían adoptar los dirigentes del PP sería romper, formal y públicamente, todos los acuerdos y relaciones institucionales de Estado con los socialistas (empezando por la gobernabilidad de coalición en Ceuta) hasta que se convoquen elecciones y se dé voz al pueblo español.

Mientras, el PP, toma una aptitud de inacción a modo Chatgpt (dando discursos aparentemente loables adaptados a las encuestas), en efectivo, se convierten en vacío, en ninguna acción determinante. El PP permanece impávido por razones que escapan a una actitud racional y acorde con los intereses de sus sufridos y decepcionados votantes. El PP no reacciona para apagar las múltiples hogueras fatídicas, desde Ceuta hasta Irún. No hace nada, mantiene una actitud pasiva y se limita a esperar para recoger un panorama de cenizas en unas elecciones que supone muy optimistamente que va a ganar sobradamente. Cosa que dudo muchísimo teniendo en cuenta la sobre producción de percatados de sentido común por su derecha y la sobre fabricación exprés de incondicionales a su izquierda.

En conclusión, podría decirse que todo lo que nos pasa es responsabilidad de los gestores políticos y que el PP tiene una buena parte de esa responsabilidad, e incluso, en situaciones clave, en aptitud colaboracionista, y si no lo es, lo parece. El PP no quiere ejercer ninguna actuación, ni prospectiva ni activa, respecto de las propuestas mencionadas, por lo que su mensaje deja de ser creíble y su valor político es cada vez más exiguo. Por eso es muy importante que los potenciales votantes del PP se caigan del guindo del buenismo y actúen en consecuencia, atendiendo a lo que realmente se hace y no a lo que no se hace mientras se dice que se hace.

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