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El pirómano chamuscado

La desidia del Gobierno facilita el crecimiento de la ultraderecha

Existe una fascinante ironía en contemplar cómo la estrategia política se devora a sí misma. Llevamos años escuchando desde la trinchera socialista que la ultraderecha es como el hombre del saco, el sacamantecas que devolverá a este país a la oscuridad del medievo. "¡Que viene el coco!", vocean desde la izquierda con el megáfono cada vez que las urnas se asoman. Sin embargo, la gestión de la crisis migratoria en Ceuta ha revelado quién prepara la alfombra roja al monstruo.

El gatillazo fronterizo de Moncloa ha sido antológico. Tras meses de inacción, retórica vacía y parálisis institucional, la realidad en Ceuta ha colapsado mientras la respuesta oficial evaporaba cualquier rastro de autoridad. Para sorpresa de nadie —salvo quizás de los insignes estrategas del Gobierno—, las encuestas se han disparado. Pero no hacia la izquierda iluminada, sino hacia las filas de Abascal.

Los mismos que agitan el miedo a Vox para movilizar el voto progresista son los que, a base de desidia y falta de rumbo, financian la campaña de la oposición radical. No hacía falta tanto esfuerzo: para engordar a la derecha dura bastaba con dejar la gestión fronteriza a la deriva y bajarse los pantalones ante el rey de Marruecos.

El miedo funciona en los platós, pero en la calle la realidad se antoja más tozuda. Si al final la ultraderecha se cuela hasta la cocina, no habrán sido sus dudosos valores los que le abrieron la puerta. Le habrán puesto la llave en la mano sus propios detractores. El coco va a llegar, sí, pero con el billete pagado con la cuenta de Moncloa.

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