Opinión
Preguntas para Pedro Sánchez
Los ministros que han acudido al Congreso aportaron escasa información novedosa sobre la situación creada en Ceuta. Repitieron datos conocidos, expusieron su versión de los hechos y, como era previsible, justificaron su actuación desde el pasado 30 de julio, fecha que a buen seguro quedará registrada en los libros de historia, como lo está la marcha verde, aunque todavía encierre algunas incógnitas. No obstante, las comparecencias resultaron de gran interés. Hubo una coincidencia general en reconocer la complejidad del caso, de la que solo se apartó Vox, inamovible en su calificación de traidor al Gobierno. Se abordaron todos los asuntos problemáticos que ha suscitado la avalancha sobre Ceuta y los grupos parlamentarios tuvieron una primera oportunidad de interpelar a los miembros del Ejecutivo y ofrecer su visión de la crisis. No es poco, por mucho que se haya demorado la convocatoria de esta cita por la Cámara Baja.
De las sesiones celebradas se pueden extraer numerosas conclusiones. Destacan dos muy por encima de todas. Una es que no podemos aún dar por definitiva ninguna explicación de lo sucedido, o bien, existe, pero una razón poderosa aconseja no hacerla pública. Otra conclusión, más inmediata y de mayor trascendencia para el curso político que se inicia, es la evidencia de la soledad, con el añadido de fuertes discrepancias internas, en que tendrá que actuar en esta difícil coyuntura el Gobierno, además de estar en minoría y sobrecargado de dificultades, con varios frentes adversos abiertos. La intervención de los ministros ha sido recibida con claras muestras de desacuerdo o duros reproches por los portavoces de todos los partidos políticos, con la única excepción del socialista. Los más afines disfrazaron su contrariedad de sorpresa, como la manifestada reiteradamente por el diputado de Bildu ante el análisis hecho por Altares. El titular de Asuntos Exteriores solicitó unidad a un Congreso donde una mayoría ha pedido la renuncia a su jefe en el Ejecutivo, pero lo que se ha visto es que en relación con Ceuta el Gobierno está aislado, distanciado de la opinión pública, y en su seno han aflorado disensiones de fondo entre el PSOE y Sumar, y entre los ministros de Interior y Defensa.
Los grupos parlamentarios se preguntan qué ocurrió realmente, qué falló para que tal número de personas llegaran a nado a Ceuta, quién está detrás de una operación así, cómo puede ser que no fuera detectada y desactivada, qué hizo el Gobierno aquellos días y qué se propone hacer ahora con los que permanecen en la ciudad de manera ilegal, pendientes de una decisión, y para aplacar la creciente tensión social que se vive a diario en su reducido espacio. La explicación de los ministros, cuidadosos de no hablar más de la cuenta, ha sido acogida con recelo. La actitud del Gobierno no inspira confianza. Cuando los grupos señalan a Marruecos y exigen menos complacencia con el país vecino y más firmeza, los ministros imputan la crisis a una acción concertada de la derecha radical internacional, resaltan la colaboración del reino alauí para resolverla o callan. Pero la desconfianza se ha instalado en el parlamento y en la calle. La actitud aparentemente ausente del Gobierno ha dado pie a la sospecha, a todo tipo de especulaciones y, lo que es peor, a brotes de violencia en Ceuta.
Es evidente que la inmigración excita los ánimos. Mezclada con motivos nacionalistas puede hacer un cóctel explosivo. El ambiente está crispado. Después de un prolongado silencio, que tendría que justificar, se aguarda con lógica expectación la comparecencia de Pedro Sánchez en el Congreso. Cabe esperar que trate de aliviar la inquietud que provoca la crisis surgida en Ceuta. Debería dar una explicación y fijar con aplomo la posición del Gobierno. La sociedad española y los grupos parlamentarios le exigen respuestas a todas las preguntas que flotan en el aire. Es su responsabilidad proporcionar certeza y seguridad en una cuestión tan esencial como la integridad territorial del Estado y la convivencia en su interior y con el exterior. Pero dicho esto, hemos de ser conscientes de que Ceuta ha sido introducida en el campo de la batalla política nacional y será uno de los temas que polarice la competición electoral que está a punto de iniciarse. Y por contra, paradoja del destino o azar de calendario, con el Gobierno en su peor momento, sin embargo, no parece que este sea el más oportuno para convocar elecciones.
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