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Los muñecos del pimpampum

Cómo expulsar inmigrantes de Ceuta al estilo Sánchez

Acabamos de descubrir la exitosa estrategia del Gobierno para ir expulsando de Ceuta, en singular goteo, a los inmigrantes que violaron la frontera: permitir que agredan a militares y guardia civiles para ponerles después de un puntapié en la verja. Hay que reconocerle al incomprendido Sánchez una genialidad táctica sorprendente. ¿Para qué diseñar una política fronteriza seria y efectiva si puedes improvisar un plan maestro de desgaste y resistencia? La receta para gestionar la crisis de Ceuta roza de este modo el esperpento: dejar a las fuerzas de seguridad a la intemperie de las agresiones y los brotes de sarna, atadas de pies y manos por la inacción política. Visto lo visto, parece que la gran estrategia gubernamental para despejar la alambrada sea aburrir al personal por pura omisión de socorro.

Pero el verdadero espectáculo de esta crisis con precedentes empieza cuando toca asumir responsabilidades. Ahí el Ejecutivo despliega su mayor talento: el cínico arte de lavarse las manos y señalar al empedrado. En lugar de reconocer su desidia, echan a los agentes del CNI a los cascos de los caballos. El prestigio internacional de los espías españoles no supera hoy el betún de los zapatos de Anacleto, agente secreto.

De esta manera, la gestión de la crisis fronteriza parece el argumento de un tebeo de Ibáñez. Con una consecuencia trágica: que paguen justos por pecadores. Y los servicios secretos, los soldados y las fuerzas de seguridad, sometidos todos al escrutinio cruel de la barraca, como muñecos del pimpampum.

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