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Holm-Detlev Köhler

Holm-Detlev Köhler

Catedrático de Sociología jubilado

Shanghái y el problema real de la Universidad de Oviedo

Cuando la mala gestión burocrática lastra la investigación académica

Holm-Detlev Köhler es catedrático de Sociología jubilado de la Universidad de Oviedo

El descenso de la Universidad de Oviedo en el Ranking de Shanghái, que califica a las instituciones académicas del mundo, ha despertado preocupación en la universidad pública regional. Llama la atención, sin embargo, que en las múltiples reacciones y explicaciones al tema nadie se atreve de apuntar al problema central y fundamental de la debilidad de la Universidad de Oviedo en los rankings internacionales de investigación que es la pésima gestión administrativa. Como bien explica el profesor Rubiera Morollón (LNE, 23/08/2026) el Ranking de Shanghái es muy sesgado y deja fuera la calidad de la docencia, la transferencia de conocimiento a la sociedad y a las ciencias sociales y humanísticas. Por lo tanto, una posición baja en este ranking no es por sí algo muy preocupante, pero en el caso de la Universidad de Oviedo indica un problema muy importante que es la debilidad en la producción investigadora. Esta debilidad no es nueva ni resultado de un relevo generacional o de la jubilación de algunos profesores destacados sino reside en el propio sistema de gestión universitaria.

El Servicio de Investigación de la Universidad carece de profesionalidad y agilidad necesarias para impulsar la actividad investigadora. Está formada por personas que no tienen formación específica en gestión de proyectos de investigación, que no tienen conocimientos de sistemas académicos de otros países o de la propia Unión Europea, que no mantienen contactos y comunicación con universidades extranjeras como posibles socios en proyectos conjuntos, que no tienen ningún incentivo de adquirir proyectos y de agilizar su gestión, que no tienen una perspectiva de desarrollar su carrera como profesionales de gestión de investigación, que no se benefician nada de un aumento de cantidad y calidad investigadora de la Universidad, en fin, un personal estructuralmente contraproducente para la investigación científica. Si, a pesar de todo, un profesor consigue un proyecto de investigación o una beca para un/a joven investigador/a, se mete en una odisea de gestión de trámites absurdos para cada factura, actividad o informe, si quiere comprar un libro tiene que recurrir a la biblioteca y una librería pagando el triple del precio del mercado y esperar meses, si quiere comprar un tóner para imprimir tiene que solicitar tres presupuestos de tres empresas informáticas diferentes, si quiere organizar una comida o un catering para un grupo de investigadores tiene que recurrir a un proveedor oficial de la Universidad y para cualquier cosa hay que encontrar un proveedor dispuesto a esperar meses para cobrar una factura. Así te lo hacen imposible ejecutar tu presupuesto y, como consecuencia, el año siguiente te recortan el mismo. Así se pierde una cantidad de tiempo, dinero y energía en vez de dedicarlos a la actividad académica e investigadora y fácilmente se acaba en la desesperación.

Un equipo de profesionales de gestión investigadora debería tener un alto nivel de inglés, rastrear las convocatorias de proyectos, tener plantillas para su solicitud, mantener contactos fluidos con instituciones de investigación como posibles socios de proyectos comunes, asumir las tareas de gestión administrativa de proyectos y apoyar a los investigadores en su trabajo, sentirse comprometido con la calidad de investigación, acumular experiencia en gestión investigadora para así impulsar la actividad investigadora en toda la universidad. Un profesional de gestión investigadora debería desarrollar su carrera y promocionarse en este ámbito y beneficiarse de un buen trabajo. Nada de esto existe en la Universidad de Oviedo. Una persona que trabaja en Investigación igual que en personal, infraestructura, contabilidad o cualquier otro departamento y para promocionar tiene que cambiar el departamento en vez de profesionalizarse en un área específica, difícilmente puede cumplir con las exigencias de un buen profesional de investigación. El 22% de cada proyecto de investigación adquirido pasa directamente a las arcas de la Universidad pero los administrativos cobran igual consiguiendo y gestionando muchos o pocos proyectos, es decir, trabajando mucho y bien o poco y mal.

Un sistema burocratizado y contraproducente de gestión no solo deja a una universidad en posiciones bajas en los rankings internacionales sino, además, genera problemas de financiación por falta de ingresos por investigación y mantiene una plantilla grande en bajos niveles de profesionalidad y con pocas perspectivas de una carrera ocupacional satisfactoria. Queda finalmente una última pregunta: ¿Por qué nadie tematiza este problema fundamental en los comentarios sobre las razones de la caída de la Universidad de Oviedo en los rankings internacionales? La respuesta hay que buscarla en el poder fáctico de un sistema burocrático que sobrevive cualquier equipo rectoral y cualquier gobierno del Principado, un sistema capaz de hacer la vida imposible a cualquier persona que intente cambiarlo.

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