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Ceuta y las cosas que pasan

Los gobernantes cada vez eluden más su responsabilidad: se acogen al fatalismo o la trasladan a otros

Vamos camino de que lo de Ceuta -no sé cómo llamarlo- acabe por no ser responsabilidad de nadie. La tendencia de los gobernantes al escaqueo, a echar balones fuera, se ha instalado en nuestra vida pública como una práctica habitual ante las grandes catástrofes, accidentes, crisis y demás calamidades.

Cualquiera diría que lo de Ceuta no es responsabilidad del Gobierno español, ni de su presidente, ni de su Ministerio de Interior, ni del de Inmigración, ni del de Exteriores, ni del de Administración Territorial, ni de los servicios secretos. Por lo que nos dicen tampoco lo es del país vecino, Marruecos, que no hace más que ayudar.

Lo dejó muy claro el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en los primeros días de la crisis, tras la incursión, indiscriminada y atropellada, en la ciudad de más de 70.000 personas procedentes del otro lado de la frontera. "¡Hay cosas que ocurren y no tiene porqué haber responsabilidad de nadie!", proclamó el responsable de nuestra seguridad para, a continuación, coronarlo con un resignado "son cosas que pasan".

Esa es una opción: echar la culpa a la fatalidad del destino. La otra es trasladar la culpa a unos difusos enemigos. Las mafias de las redes sociales, organizaciones "asociadas tanto a Rusia como a Israel y a una internacional ultraderechista”, "la ‘voxificación’ de las comunidades del PP", o, incluso, el Rey que no ha tenido la delicadeza de visitar la ciudad autónoma ni una sola vez.

En fin, que después de un mes de la avalancha humana sobre Ceuta, nadie se hace responsable de lo sucedido, los casi cien muertos perdieron la vida en un accidente, la crisis migratoria es culpa de los desesperados que vinieron a España en busca de mejores condiciones de vida, la convulsión a la que se han visto sometidos los ciudadanos ceutíes ni siquiera se ha merecido una disculpa de alguien, porque si nadie es responsable nadie tiene por qué disculparse.

El soslayamiento de las responsabilidades de nuestros gobernantes no es nueva. Debe de hacer tanto tiempo que es así que se nos ha olvidado quiénes fueron los últimos ministros que dimitieron. Les sale gratis y solo pagan, de pagar, por sus errores, en las urnas. Solo se creen responsables ante la justicia, con lo cual mientras no delincan, se van de resotitas. Ese es el límite: ser un delincuente.

El pasado fin de semana, recordaba el filósofo y ex presidente del Senado Manuel Cruz, en un interesantísimo artículo, que hubo un tiempo en que, además de la responsabilidad judicial, había unas responsabilidades políticas y morales. "Hoy parecen haberse acabado los distingos -escribía el político del PSC-, Y en el caso de plantear la cuestión de la responsabilidad, se diría que solo importa la que se dilucida en los tribunales".

Ponía como ejemplo los casos de los familiares directos del presidente: su esposa y su hermano. Begoña Gómez puede ser absuelta por la justicia, pero eso no debería exonerarla de un comportamiento cuando menos censurable. Se tacha la condena a David Sánchez de desproporcionada, y es posible que así sea, pero eso no quita para que su actitud no haya sido cuando menos poco ejemplar. Por supuesto, el presidente no ha asumido ninguna responsabilidad y, al no considerar ilegales esos comportamientos -incluso aunque lo diga la justicia-, no ve necesarias las disculpas.

Ceuta ha puesto de relieve el cada vez mayor desprecio a la asunción de responsabilidades. La reacción del ex presidente Zapatero al hecho de que la UCO descubriera las joyas en la caja fuerte de su despacho es otra muestra: "Estaban ahí (...) Ni tenían uso ni destino, ni hemos pensado en ellas". Recuerda a las excusas de los niños traviesos tras una trastada: “Fue sin querer”. Acaso ignora el ex presidente el principio básico de que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento.

Lo de Ceuta viene a sumarse a otros graves sucesos en los que nadie ha asumido responsabilidad alguna, de la prevención de la dana en Valencia al accidente ferroviario de Adamuz, pasando por el apagón. Nadie se ha disculpado, porque nadie ha asumido la responsabilidad. Son cosas que pasan, que diría Marlaska.

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